Astronomía en el tiempo de los Incas
Costumbres y Creencias del pasado Andino
- por Christian Vitry, Antropólogo -
“...y aunque el mes es conocido, no lo es precisamente el día, y para conocer cuando ha de ser, se asienta el Yañac [yanca o astrólogo] en cierta parte y aguarda al salir del sol, y mira si comienza a asomar por cierta parte de un cerro que ya tienen marcado y en legando el sol a la señal da aviso a los oficiales.” (Carta Annua, 1609).

Astrólogo Inka o yanca, funcionario estatal especializado en la observación del cielo y el manejo del calendario incaico.
Grabado de Felipe Guamán Poma de Ayala, nativo bilingüe (1540-1620), cronista de la época colonial.
“Astrólogo poeta que save del ruedo del sol y de la luna y [eclipse] y de estrellas y cometas ora, domingo y mes y año y de los quatro vientos del mundo para sembrar la comida desde antigua.” (Guamán Poma. 1615)
Los Inkas, como tantas sociedades contemporáneas y precedentes a ellos, desarrollaron una compleja cultura en la cual se relacionaban los elementos de la naturaleza, tanto terrestres como celestes. Objetos naturales y artificiales que fueron cargados de significaciones religiosas, sociales y políticas, que rigieron y organizaron la vida social en los tiempos precolombinos.
El hecho de observar el cielo y regirse por la regularidad de los astros para las actividades agrícolas no es exclusivo de los Inkas. De hecho, la cosmología incaica se desarrolló sobre la base de los conocimientos andinos preexistentes, los que conformaron un complejo sistema donde se relacionaban varias huacas (santuarios) tales como montañas, cuevas, manantiales, lagunas, muchaderos (rocas o lugares destinados al culto), apachetas y otros elementos en el/del paisaje, con las “ánimas” o espíritus. Desde tiempos ancestrales el sol junto a la luna fueron utilizados con fines astronómicos, conformando un calendario estrechamente vinculado a las actividades agrícolas. Los Inkas potenciaron e institucionalizaron estos conocimientos astronómicos, convirtiéndolos en una fuente de poder y dominación.
El Corincancha –Templo del Sol- ubicado en el corazón del Cusco y que fuera el edificio más importante de la vida religiosa y política de los Inkas, estaba conformado por un conjunto de templos dedicados a las diversas deidades como el Sol, la Luna, el Trueno, las Estrellas, el Arco Iris y Viracocha (dios creador). El Puchao (luz del sol) representaba el icono central del Corincancha y, en el apogeo del imperio, se convirtió en un sinónimo del gobierno dominante. El Sol (Inti) era el propio Inka y se lo representaba con el dorado metal, que tanta codicia despertó en los conquistadores europeos y despierta en los huaqueros (profanadores) contemporáneos.
Los astrónomos-astrólogos indicaban con exactitud el momento de realización de las principales ceremonias como el Inti Raymi (solsticio de junio), el Capac Raymi (solsticio de diciembre), el Coya Raymi (equinoccio de primavera), todas vinculadas con la siembra y cosecha del maíz, alimento sagrado cuyo color también o relacionaron con el sol.
Por otra parte, la arquitectura de los principales edificios estuvo en función del movimiento de los astros en el firmamento y su aparición sobre el horizonte. Desde estos edificios, a través de ventanas o puertas se observaban en los contornos de las montañas vecinas la salida y puesta del sol, asimismo se estudiaba el desplazamiento de luces y sombras proyectadas sobre las paredes. Sobre los cerros que rodean al Cusco, los Inkas, construyeron elevados pilares o torres que indicaban con exactitud los cambios de estación, y que fueron empleados para dividir el año solar en doce meses.
Los funcionarios encargados de observar el cielo y la proyección de las sombras se llamaban Yancas y existen evidencias documentales que sugieren que, para el registro “escrito” de años y meses, estos especialistas utilizaban los quipus (sogas de diferentes colores anudadas), tal como se observa en el gráfico que ilustra el presente artículo.
Como se sabe, el Tawantinsuyu estaba conformado por cuatro “provincias” (suyus) o unidades geopolíticas con el centro en el Cusco, desde donde partían caminos principales hacia cada uno de los suyus. La configuración espacial del estado incaico tenía carácter sagrado y estaba jalonada por una serie de huacas, unidas por líneas rectas imaginarias conocidas como ceques, que partían desde la capital hacia los confines del imperio.
Con relación a las estrellas, los Inkas concibieron un cielo poblado de animales y algunos elementos vinculados con la actividad productiva, “dibujándolos” tanto en los sectores estrellados como en los de total oscuridad. La Vía Láctea simbolizaba un río, de allí su nombre mayu (río). Las Pléyades (las cabritas) eran conocidas como collca (depósito de granos) y su movimiento se relacionaba con la producción del maíz. Venus, era llamado Chasca cuyllor o Pacaric chasca o Pacari cuyllor, entre otros nombres. El Cinturón de Orión (las tres Marías) era conocido como Chacana (líneas cruzadas o cruz). Además formaban constelaciones con las partes o “nubes” oscuras como la Machacuay (serpiente), Yutu (perdíz), Llamacñawin (los ojos de la llama con cría), Urcuchillay (llama macho), entre otros.
Como se puede apreciar en esta apretada e incompleta síntesis, la astronomía en el tiempo de los Inkas fue muy compleja y lejos estamos de poder comprender la real dimensión que tuvo en el mundo andino.
En las ciudades vivimos en un mundo artificial, totalmente desvinculados del medio natural “que nos rodea”, poco sabemos de la salida y puesta del sol, de los ciclos de la luna, los ciclos agrícolas, etc., no obstante, en el paisaje, donde se encuentran las huacas y en los edificios arqueológicos, que poseen claros lineamientos astronómicos, se atesora la información ancestral. Futuros estudios arqueoastronómicos o astroarqueológicos como se llama la especialidad, aportarán mayor información sobre este complejo calendario donde conjugan paisajes, astros, luces, sombras y diversas actividades sociales.