Primeras ascensiones deportivas y arqueológicas
al volcán Llullaillaco (6.739 mts), Provincia de Salta
Primera Parte
Arqueología de Alta Montaña
- Por Christian Vitry, Antropólogo -
Fotos: Christian Vitry
Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez
El Llullailllaco es un volcán emblemático de nuestro territorio y no sólo por su gran altitud y desolada belleza, sino, fundamentalmente, por su aspecto cultural que nos une con el pasado prehispánico y unas de las ceremonias más importantes que realizaran los Incas en el extenso Tawantinsuyu. Una ceremonia que incluía la ofrenda más preciada que cualquier ser humano puede hacer, la tierna vida de un hijo.

Ubicación del Volcán Llullaillaco.
Provincia de Salta, Argentina
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Este hecho de trascendencia suprema transformó a la montaña en una especie de oráculo, un lugar de peregrinación y ofrendas entre los siglos XV y XVI. Una vez colapsado el imperio incaico, proceso iniciado por Francisco Pizarro en 1532, el Llullaillaco y centenares de montañas sagradas de la cordillera andina pasaron al olvido hasta mediados del siglo XX, cuando montañistas pioneros empiezan a ascender las altas cumbres con fines deportivos.

Primera expedición con fines arqueológicos realizadas en el volcán Llullaillaco a fines de la década de 1950.
Foto: Mathias Rebitsch
En el año 1952, una expedición del Club Andino Chile realiza la primera ascensión deportiva al Llullaillaco, dando luego la noticia de la existencia de ruinas arqueológicas en la cumbre.El andinista chileno, Bión González León, investigador y pionero de la arqueología de alta montaña en su país, asciende al volcán y relata lo siguiente: “...la parte más alta tenía una grieta donde dejamos los testimonios de esta ‘primera ascensión deportiva’, como la calificamos siempre, ya que en el extremo más bajo de la cima había un atado de leña. También en la parte más alta del bloc había dispuestas piedras formando una pirca precaria, pero estaba la mano del hombre. Mis conocimientos arqueológicos eran por entonces nulos: alguna idea tenía del encuentro de atados de leña, por el relato de la ascensión al cerro Tórtolas, pero nada más. Así muy simplemente miramos los leños sin darle importancia alguna. Lo mismo sucedió con la pirca a medio hacer del otro extremo de la cumbre. Días más tarde, cuando volvíamos a Antofagasta y conversamos detalles de la ascensión y en especial los instantes vividos en la cima, Harseim me dijo que al colocar la caja metálica con los testimonios en la grieta de la cumbre, le había parecido ver en el fondo un trozo de cuero, pero no lo comentó hasta ese momento”. La caja metálica y la libreta de cumbre son exhibidas en el Museo de Arqueología de Alta Montaña.

Se observa las estructuras dobles ubicada a pocos metros de la cima del Llullaillaco,
se trata de la vivienda más alta del mundo. Diciembre de 1954.
Foto: Elvio Torres, del archivo fotográfico de Roberto Vitry

Las estructuras dobles en la actualidad en el volcán Llullaillaco.
Foto: Christian Vitry
Esta ascensión deportiva dio a conocer el sitio arqueológico más alto del mundo y, como veremos, el Llullaillaco atrajo a numerosas personas interesadas no sólo en enfrentar el desafío de su altura como reto deportivo, sino también por el componente cultural, que fue y será motivo de gran admiración y respeto a los hacedores.
Poco tiempo después de la expedición chilena, un militar alemán, se lanzó en pos de la cima del Llullaillaco motivado por el Doctor Rolf Dangl, médico de la minera La Casualidad, ubicada cerca del volcán. En 1950, el doctor Dangl había realizado la primera ascensión al volcán Galán, ubicado en Catamarca. Asimismo había intentado subir al Llullaillaco antes de la expedición de los chilenos; de su relato se puede inferir que llegó hasta el portezuelo, a una altura de 6.500 metros, donde se encuentran unas importantes ruinas que él describe. Rolf Dangl fue también quien motivó al austriaco Mathias Rebitsch que, a raíz de sus trabajos y ascensos, se convirtió en el indiscutido pionero de la arqueología de alta montaña.

Volcán Llullaillaco visto desde el sur. Foto: Christian Vitry

Llullaillaco visto desde Chile por el Este. Foto: Christian Vitry

Volcán LLullaillaco visto desde Chile por el sudeste. Foto: Christian Vitry
En el año 1953 el alemán Hans Ulrich Rudel, guiado por el suboficial argentino Guillermo Poma y el andinista jujeño Francisco Solana, observan construcciones abovedadas a 5.500 m sobre la cara Norte. En la cumbre misma fue visto “un portal rústico” con pilares de piedra y un tronco de madera a modo de dintel. El portal medía 1,50 m de ancho por 2,20 m de alto. En esta expedición muere el camarógrafo a raíz de un fuerte vendaval que lo hace caer al vacío. Rudel presentó una carpeta al Presidente Juan D. Perón, quien apoyó económicamente al alemán para que pudiera proseguir con las exploraciones arqueológicas y además rescatar al oficial del ejército alemán que había muerto. En 1954 Hans Rudel, miembros del ejército argentino, andinistas jujeños y alpinistas alemanes realizan un minucioso trabajo de prospección y relevamiento. Se dice que Rudel publicó un libro sobre el Llullaillaco, pero a la fecha, nada sabemos de él ni de las filmaciones realizadas. Como dato curioso se puede agregar que Rudel tenía una pierna ortopédica. Se sabe que este militar de la Alemania de Hitler fue un reconocido y condecorado aviador.

Cumbre del volcán Llullaillaco en una de las campañas arqueológicas actuales, 2007. Foto: Christian Vitry
En el año 1955 Giulio Ravizza con otra persona (Josin), descubren a 6.300 m unos tirantes de madera de cactus de 2,50 metros, que cumplieron funciones de vigas para techo. En un portezuelo bajo la cumbre encuentran un “refugio con los techos hundidos”.
Los primeros años, a partir de la primera ascensión, fueron de descubrimiento o reconocimiento de las estructuras arqueológicas ubicadas en diferentes niveles de la montaña, pero ninguna de las expediciones fue específicamente a estudiar arqueológicamente el área. Fue recién a fines de la década de 1950 cuando se organizó por primera vez una expedición con fines arqueológicos.

Cumbre del Volcán Llullaillaco en la actualidad. Foto: Christian Vitry
Campañas con fines arqueológicos
En el año 1958, el austriaco Mathias Rebitsch realiza la primera documentación científica de los sitios del Llullaillaco. Rebitsch había excavado en la cumbre del volcán Galán (Catamarca) y extraído algunas estatuillas de plata, las primeras que se conocieron en territorio argentino. No puede salir de la admiración que le provoca ver esas ruinas a tal altura, tal como lo denotan sus relatos. Explora minuciosamente los diferentes sitios y encuentra restos de cerámica, marlos de maíz, estiércol de llamas, leña carbonizada, y restos de fogones. Observa y confirma las estructuras descubiertas años atrás.
En 1961 Mathias Rebitsch realiza la segunda y más importante campaña arqueológica, acompañado por Luis Vigl, Benjamín Dixon, Frank Memelsdorff, Ricardo Mendieta, Gerardo Watzl y Jacqueline Watzl. La expedición fue avalada y promovida en nuestro país por el CONICET, la Federación Argentina de Skí y Andinismo, el Centro Andino Buenos Aires y la Dirección de Fabricaciones Militares. Tres meses estuvieron los exploradores en la gigantesca montaña y realizaron un relevamiento integral y científico de los sitios. Entre los descubrimientos realizados se menciona: restos de techos bien conservados, pastos secos, estiércol, restos de cerámica, carozos de frutas, mazorca de maíz, una sandalia de pasto, una estera tejida en hierba, un pedazo de tela marrón oscuro, de tejido tosco, un tronco que supera los diez centímetros de diámetro (en la cumbre), restos de una angosta escalinata y un depósito de leña. Todo el material fue donado al Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, donde aún permanece. Rebitsch publica un libro en su país y algunos artículos en revistas científicas argentinas, legando una valiosa información que todavía resulta de gran utilidad para la ciencia.

Mathias Rebitsch en la base del volcán Llulaillaco en 1961.
Colección: Jaqueline Watzl
En 1971 el Dr. Orlando Bravo, de Tucumán, junto al baquiano Celestino Alegre Rojas, que en años anteriores había descubierto el cementerio de la base del Llullaillaco, realizan exploraciones y excavaciones a 4.900 metros.
En el año 1974 Antonio Beorchia Nigris del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña (CIADAM) localiza el cementerio y da a conocer al mundo científico los planos del mismo.
En los años 1983, 1984 y 1985 el antropólogo norteamericano Johan Reinhard, complementa las investigaciones de Rebitsch y los que le sucedieron, descubre un tambo a 5.200 metros y hace los planos de todas las estructuras conocidas. Publica toda esta información en varias revistas científicas. Reinhard deja planteado en su trabajo la importancia de la plataforma rectangular de la cumbre, manifestando la posibilidad que en la misma hubiera alguna ofrenda humana. Esta hipótesis fue el punto de partida de la expedición que organizara el investigador norteamericano en 1999, sobre la cual me referiré en un próximo artículo.

Cumbre del volcán Llullaillaco vista desde el enterratorio de los niños incas ofrendados. Foto: Christian Vitry
Christian Vitry
Coordinador del área "Antropología y Arqueología" del CCAM
Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez
Segunda parte de la Nota: Primeras ascensiones deportivas y arqueológicas
al volcán Llullaillaco (6.739 mts), Provincia de Salta