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- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Biografía de Alberto Mario Serrano
Centinela de la frontera, amante de las montañas
"Enciclopedia Incompleta de Montaña"
- por José Herminio Hernández, Coronel (RE) -

José Herninio Hernández, Coronel (RE)
José Herninio Hernández
Coronel (RE)

Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez

Nació en Bahía Blanca, Buenos Aires, el 31 de agosto de 1946
. Sus padres, doña Margarita Romero y don Nicasio Emilio Serrano; las tareas de su padre cuando estaba activo, era mantener las calderas de la vieja Planta de Almacenaje de YPF, ubicada en el puerto de Ingeniero White; para el matrimonio Serrano, Mario era la luz de sus ojos y con gran esfuerzo, sacrificio y un ejemplo moral y espiritual, lo sacaron adelante no solo en la crianza, sino y muy especialmente en  su educación.

Sus años de estudios primarios y secundarios, los realizó en el colegio de los salesianos, con altas calificaciones, y el concepto laudatorio de sus profesores, en especial fue el colegio forjador de oficios y de hombres, quien además, había forjado su temple y madurado su inteligencia, con la tutela del padre López, que además, de hacer de guía espiritual, admiraba a este joven, que se destacaba por sus cualidades intelectuales y su expresión seria y respetuosa. Su ingreso a la Escuela Naval, superando a otros estudiantes que se habían preparado con suficiente tiempo de antelación, y él solo en un mes había logrado ocupar su vacante, pero su corto tiempo en este instituto, le permitió descubrir que su camino era otro, es así que el 1 de marzo de 1966, ingresó a Gendarmería Nacional, como cadete de segundo año del Cuerpo Comando, dado lo actuado en la fuerza anterior, no siendo necesario cursar primer año; egresando como subalférez de la vigésima cuarta promoción, el 14 de diciembre de 1968, no solo con las máxima calificaciones, sino también recibiendo ocho medallas de las once que entrega la institución todos los años, correspondiéndole al Sargento Primero Cadete, señor Alberto Mario Serrano; y con orgullo, con una misteriosa nostalgia y sus ojos llenos de lágrimas, recordaba cada vez que hablaba de su hijo, don Nicasio, contrastando esa labor de obrero sumiso y casi ignorado.

Dhaulaguiri 1954, cordillera del Himalaya. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Dhaulaguiri 1954, cordillera del Himalaya

Mario, ascendió a alférez, el 31 de diciembre de 1970; en el año 1973, asciende a primer alférez; pidiendo la baja de las filas de la Gendarmería Nacional, el 31 de mayo de 1978, pues su ciclo se había agotado y quiso buscar nuevos horizontes en otra nueva profesión, la de abogado. Ya en sus primeras salidas como scouts dentro de las tareas extras dentro del colegio salesiano, había descubierto su amor por la naturaleza, en trabajo en equipo y admirar las alturas, más las lecturas de exploradores y muy especialmente la Primera Expedición Argentina al Himalaya habían dejado una profunda huella, especialmente la figura de quien fuera su jefe el entonces Teniente Francisco Ibáñez, muerto en el Dhaulagiri. Prontamente, se incorpora y luego fue líder del Batallón 27 de Exploradores de Don Bosco, de Bahía Blanca; pero que mejor transcribir lo que el mismo padre López expresaba de él:

Fue, Alberto Mario Serrano, alumno mío en tercero, cuarto y quinto año del bachillerato. Era estudiante, no simplemente inteligente sino de inteligencia superior, al servicio de un fiel cumplimiento del deber: sobresalía. Sin embargo no era de los que ansían destacarse y deslumbrar. Era simplemente modesto, en palabras y actitudes, siempre correcto y de muy buenos modos, tantos en sus relaciones con los compañeros como con los superiores. Todo saturado por una convicción y práctica religiosas hondas que hicieron madurar al ejemplar caballero cristiano. De ese tiempo tiene origen mi vinculación con él, que superó la propia de entre alumno y profesor, para convertirse en genuina amistad, por lo cual siempre que se dio oportunidad siguió llegándose a mí, haciéndome gozar de las finezas de su alma bella, para comunicarme proyectos y realizaciones de los intervalos que había separado nuestros encuentros distanciados. De ello infiero que debía ser muy independiente y proclive a cargar él mismo con la responsabilidad de las resoluciones que definían su vida. Me encontré por última ve con él, en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca, poco antes de que emprendiera su viaje para la exploración montañistica de la trágica expedición y, para los que tanto lo apreciamos y quisimos, dolorosísimos final. Lo vi sereno como cuando alumno, y debía dar una lección, sin sombra de jactancia, ni presunción, pero sin que lo turbara ninguna inquietud.

Expedición al Dhaulaghiri 1981. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Expedición al Dhaulaghiri 1981

Entre los meses de enero y febrero de 1967, cuando cursaba tercer año de la escuela de Gendarmería, es invitado a conformar una expedición para intentar la escalada a la aguja Guillaumet y al cerro Marconi,  juntamente con Mario Quesada, como jefe de expedición, Rudy Ludwig, Julián Buzzi y Néstor Moreno, a pesar de la negativa en ambas cumbres, producto del mal tiempo y de las condiciones atmosféricas adversas, fue enriquecedor en experiencias y en el conocimiento empírico adquirido junto a los integrantes de la cordada; y en un artículo publicado en la revista de Gendarmería, expresaba Mario:

El 16 de febrero, emprendimos el regreso a Río Gallegos. Atrás quedaban el Fitz Roy y su reino de fantasía y en nuestros espíritus montañeses un deseo de amor a la naturaleza, y que es amor hacia el Supremo Hacedor: Dios.

Mario Serrano, en la expedición al Everest 1971. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herninio Hernández
Mario Serrano, en la expedición al Everest 1971

Entre el 26 de diciembre de 1967 y febrero de 1968, conformando la expedición argentino-eslovena, integrada por Mario, los hermanos Pedro y Juan Jorge Skvarca, Juan Zskrajsk, Pablo Justoy Osvaldo Troiani, penetraron en el territorio de los Hielos Continentales Patagónicos; la cordada de Mario y Juan Jorge, ascendieron el 17 de febrero, el cerro Cristal y el día siguiente, la misma cordada coronó el cerro Campana, y como epilogo de esta tarea, al retorno de la misma, escribía Mario:

Atrás quedaban la soledad, el misterio, lo desconocido, el recuerdo de tantas aventuras vividas en esas desoladas regiones, las magnificas cumbres conquistadas, el deseo de volver. Y es en estos momentos cuando el pensamiento cobra repentino vuelo rumbo al cielo, cada vez más y más alto, como las águilas que moran en las cumbres, en busca del Creador, que es quien pudo saciar esa enorme sed de Infinito, esos deseos de nuevo horizontes que en nuestra pequeñez y grandeza de hombres todos sentimos.

En el año 1979, conformó una expedición a la Cordillera Real, coronando el propio Mario, junto a Pablo Hulskamp y  Gustavo Glickman, el cerro Huacana, de 6.208 metros, por el filo Sur de la pared Oeste, el 24 de julio de 1979;  mientras que Pablo y Mario, hicieron lo propio en el cerro Ancohuma, por la cara Oeste, que lo coronaron el 31 de julio; y posteriormente, escalaron una cumbre virgen, a la cual le colocaron el nombre  de Philipe Cousteau, en honor del fallecido hijo del famoso investigador oceánico francés, de 6.100 metros, y otro cerro virgen, que le denominaron, Casualidad, de 5.800 metros, aproximadamente; Mario, ascendió en solitario, el Huayna Potosí, el 10 de agosto, empleando seis horas para coronarlo.

Se caso con María Teresa, con quien formo un hogar feliz y ejemplar, y fruto de este enlace nació Facundo, con el cual imaginaba su proyección y esperaba hacerle entrega de todo conocimiento y experiencia de vida.

A principios del año 1981, conformó una expedición al Dhaulagiri, en el Himalaya, de esta actividad en medio de la época nos dejo esta descripción sobre el grupo:

Mario había trabajado con seriedad en posibilitar armar un equipo de calidad humana poco común y le agregó los implementos indispensables como para que Argentina, demostrará que tenía gente de indudable capacidad para asumir una tarea de tamaña responsabilidad.

El 14 de marzo de 1981, la totalidad de la expedición se encontraba en el campamento base. Con el tiempo se fue instalando los distintos campamentos de altura, llevando material y equipándolos, el 22 de mayo, la cordada de asalto se encontraba en el campamento 6, con la intensión de hacer el ataque final, pero el mal tiempo, impidió que salieran para la cumbre, permaneciendo y soportando violentas ráfagas de viento, que destruyeron parcialmente las carpas; el día siguiente parte de la cordada regresó hacia los campamentos de menor altitud, eran los dos sherpas; mientras que Cuiñas, Rosasco y Mario, lo hacen también; Mario, se quedó en campamento 5, según comentó Rosasco, pues se encontraba muy agotado, el resto llegaron todos al campamento 3; desde allí, al otro día, esperaban el regreso de Mario, los del campamento base controlaban el descenso por medio de prismáticos, pero la carpa, la bolsa, no se movían, alrededor de las nueve de la mañana, pensando lo peor, que no había soportado la noche por el frío y el agotamiento; aproximadamente a las 10.30 horas, de improviso, el bulto comenzó a deslizarse y al pasar por las inmediaciones del Campamento 5, se separó en cuatro partes: el cuerpo de Mario, la bolsa de dormir y dos bultos más, que se supuso que eran la mochila y el colchón. Continuó tomando velocidad en una caída vertiginosa por la canaleta izquierda de la Pera, el cuerpo se precipitó en una grieta, a unos 6.200 metros, aproximadamente, luego de pasar por un serac, no pudiéndose recuperar su cuerpo; con esto finalizaba, la vida de un grande y ponía punto final a la expedición. El doctor Pascuali hace una radiografía de su amigo y describe como era Mario:

Dhaulaguiri 1954. Foto: Colección Roberto Busquets. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Dhaulaguiri 1954. Foto: Colección Roberto Busquets

Mario tenía muchos amigos. Podía tenerlos porque su corazón y sus sentimientos eran grandes. Yo era uno de ellos y me sentía orgulloso por eso. La amistad es una forma de amor, fuerte, ancha, leal e intensa; es una riqueza que uno debe merecer y cultivar. Dialogando con él, muchas veces hablamos de su pasión por la montaña. Yo sabía que en todos los tiempos y en todos los países ha habido y hay montañistas; que casi todos han intentado las cumbres más altas de la tierra, culminando en el Himalaya. Recordaba como Mario había llevado los cadetes de Gendarmería a la cumbre del Aconcagua para capacitarlos en montañismo. En esa cordillera de los Andes, que él tanto amaba y que luego estos jóvenes, deberían de custodiar. Sabía que el montañista debe llevar una vida espartana, renunciando s los fáciles placeres: el tabaco, el alcohol y el sedentarismo. Que debían tener una estructura muy fuerte para soportar situaciones en extremo críticas, de frío, fatiga, soledad y miedo, que todos tenían y aprendían a vencer, cultivando con esfuerzo la disciplina y las técnicas. Sabía que un verdadero montañista no es temerario o irresponsable, que se prepara y cuida con detalle para su tarea, como un astronauta o un piloto de prueba. Pero quería que Mario me dijera que sentía o pensaba él. Y Mario, culto y cultivado por su esfuerzos y viajes, se remontaba a algo esencial. Decía: el hombre desde sus orígenes indaga y establece una relación particular con la naturaleza que lo distingue de los animales; no la vence, pero la explora y modifica; si tala un árbol para construir un camino o una casa, modifica la naturaleza y crea cultura. Si investiga los polos o surca los océanos como los navegantes de la antigüedad, ensancha el horizonte humano. Al subir una montaña no venzo la naturaleza, establezco un nuevo vínculo con ella en donde el hombre puede algo más de sí, especialmente, abriendo un derrotero para otros. Mario, no era solitario, tenía cualidades docentes y de jefe. No es lo mismo ser un buen trepador que un jefe de expedición que lleva los mejores escaladores argentinos y toneladas de carga tan lejos y tan alto. Y siempre al frente de ellos, con una voluntad dulce y acerada a la vez. Mario ha ensañado. Tras él hay una estela visible que se puede seguir. Ha sido un humilde maestro del montañismo argentino.

De izq. a der.: Rudy Ludwig, Eduardo Vivaldi y Mario Serrano tratando de cruzar sin mojarse el Río Blanco Patagonia, Santa Cruz, 1967. Foto: Colección Eduardo Vivaldi. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
De izq. a der.: Rudy Ludwig, Eduardo Vivaldi y Mario Serrano
tratando de cruzar sin mojarse el Río Blanco Patagonia ,1967. Foto: Colección Eduardo Vivaldi


Se lo ve a Mario Serrano de costado, a la derecha de Horacio Vivaldi mirando a la cámara, ambos con las manos en los bolsillos. Foto tomada en la zona de la balsa del Río Santa Cruz, Patagonia, 1967. Foto: Colección Eduardo Vivaldi. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Se lo ve a Mario Serrano de costado, a la derecha de Horacio Vivaldi mirando a la cámara,
ambos con las manos en los bolsillos. Foto tomada en la zona de la balsa del Río Santa Cruz, Patagonia, 1967.
Foto: Colección Eduardo Vivaldi

El presidente de la Nación, el entonces Teniente General Roberto Eduardo Viola, también, presidente honorario de la Vta Expedición Argentina al Himalaya, expresó:

El fallecimiento del doctor Alberto Mario Serrano, un argentino valiente en permanente búsqueda de la cumbre, enluta a todos los argentinos. Transmito a Uds. nuestra consternación por la pérdida de esa vida valiosa para el país, tanto en su condición de montañista como en lo diplomático, campos en lo que dio lo mejor de si mismo. Como miembro honorario de la Vta Expedición al Himalaya, rindo tributo al sacrificio de su jefe, caído a pocos pasos de la cúspide.

Mario Serrano en el Everest, expedición de 1971. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Mario Serrano en el Everest, expedición de 1971

Cerro Bertachi, Santa Cruz. Mario Serrano en su cumbre. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Cerro Bertachi, Santa Cruz. Mario Serrano en su cumbre

No menos importantes son las reflexiones que sobre Mario, hizo Jorge Skvarca:

Lo recuerdo perfectamente. En el refugio de la Aeronáutica, en los glaciares Upsala y Moyano, mientras preparaba el té; en esos días de tormenta y mal tiempo, después de nuestra austera cena, exponía su filosofía sobre la vida y la montaña. Le gustaba pensar y reflexionar en vos alta. Así era Mario; nos conocimos allá por el año 1966, cuando inició con un grupo de nuestros amigos sus primeras salidas a las montañas. En el año 1967, se unió a nuestro grupo y de allí en adelante éramos compañeros casi inseparables de montaña, por más de diez años en la zona de Hielos Continentales. No era un técnico para escaladas extremas, y eso lo sabia perfectamente, a pesar de que quería serlo. Pero compensaba esa falencia con una tremenda voluntad de llegar a lo que se proponía, usando toda su energía disponible… La despedida hacia el Dhaulagiri en el aeropuerto de Ezeiza, nos reunió después de algunos años nuevamente. Por la prensa tenía alguna información bastante parca sobre la marcha de la expedición, en la cual él era el promotor, organizador y alma Mater de todo. Esta tarea insumió todos sus esfuerzos y por supuesto lo había desgatado… El Himalaya, palabra mística, misteriosa. Con Mario formamos parte en la Tercera Expedición Argentina al Himalaya, al Monte Everest, allá por el año 1971. Y desde aquella vez que tuvimos que volver sin alcanzar la cima, él soñó con volver allí. Formó su propio grupo. Con muchachos jóvenes realizó expediciones preparatorias a Mendoza, Bolivia, Perú; su meta, sus sueños estaban puestos en aquellas lejanas montañas. Y volvió…pero para quedarse para siempre. Tres cosas, decía él, había que hacer en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Creo que lo hizo todo, al menos lo intentó pero no pudo terminarlo. Y como seguramente repetiría él hoy: el Dhaulagiri había vencido esta vez. Pero, así como no se derrota a la montaña tampoco se derrota a los hombres. Paralelo de hombres y montañas, que en este caso se da en los que acuden a ellas no a desafiarlas sino aceptando el desafío de si mismos. El resultado que vale es el que da la auténtica medida de la altura que se puede alcanzar, sobre las montañas y fuera de ellas. Nosotros, que hoy volvemos a las montañas, te sentiremos cerca. Un compañero, un andinista no muere, simplemente se ausenta.

Placa:

Fotografía de la placa dejada en la Cumbre del Cerro Aconcagua, en nombre de la TRIGÉSIMA PROMOCIÓN DE CADETES de Gendarmería Nacional por el Alférez Mario Serrano (quien fallece en un intento al Monte Dhaulagiri en el Cordón de los Himalayas integrando la 5ta. Expedición Argentina en 1981).

Placa dejada en la cumbre del Cerro Aconcagua por Mario Serrano en nombre de la Trigésima Promoción de Cadetes de Gendarmería Nacional. Biografía de Alberto Mario Serrano. José Herminio Hernández
Placa dejada en la cumbre del Cerro Aconcagua por Mario Serrano
en nombre de la Trigésima Promoción de Cadetes de Gendarmería Nacional

Esta placa (de varios kilos de peso) es rescatada por el Oficial de la Policía de Mendoza Sr. Luis Alberto “Rudy” Parra con fecha 06.01.75. La misma fue entregada por el citado Oficial a la Jefatura de la Policía de Mendoza y posteriormente ésta fue donada por autoridades policiales al Museo de la Gendarmería Nacional en Buenos Aires, donde actualmente se encuentra depositada.


Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez

 
Jefe de Proyecto: Ing.Natalia Fernández Juárez      Diseño/Desarrollo: Hernán Rafaele
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