Ascensión al Cerro Chañi Chico (5.571 mts)
Expedición al Cielo Jujeño
- por Horacio Rover -
Revista "Weekend", Noviembre de 1985, Nº 158
Festejando su 40 Aniversario |

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Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez
Un ascenso en pleno invierno jujeño. Con una temperatura que rara vez subió de cero grado, tres andinistas aceptaron el reto del cerro Chañi Chico. El apunamiento, la falta de agua, el frío de la noche y un viento demoledor que nunca cesó. Por fin la cumbre, tan virgen como si nadie hubiera posado un pie sobre ella.

Cerro Chañi Chico, Jujuy. Foto: Revista Weekend
El Noroeste es una región caracterizada por vigorosos contrastes, que van desde la puna hasta la selva tucumano-oranense y el cordón de los nevados del Aconquija. Este último reparte hacia el lado tucumano una espesa selva y para Catamarca un terrible desierto. Tal constraste expresa la oposición entre un área oriental húmeda, expuesta a los vientos del Atlántico Sur, y otra occidental árida, de altura mucho mayor.
En esta zona aparecen dos extensos cordones: el oriental y el occidental. Sobre el segundo se alinean, a su vez, los cordones del Chañi, del Castillo y las cumbres del Obispo. Así queda conformado un paisaje ideal para realizar experiencias en geología, arqueología, aladeltismo, supervivencia, etc. Y, por supuesto, montañismo.
El cordón del Chañi eleva dos cumbres que casi tocan el cielo: los 5.896 metros del Chañi Grande y los 5.571 del Chañi Chico. Al margen de la diferencia de altura, ambos cerros oponen múltiples dificultades para el ascenso. Así lo comprobamos, hace un año, cuando hicimos cumbre en el primero de ellos. Y lo mismo sucedería en agosto al trepar el Chañi Chico.

Mapa de ubicación del Cerro Chañi en el límite de Salta-Jujuy. Mapa: Revista Weekend

Dibujo de las cumbres del Chañi vistas desde el Oeste.
Libro del Nevado de Chañi, de Emilio González Turu y Christian Vitry
Esta es la historia que merece ser contada:
En Jujuy nos recibió, como es lógico para ese mes, un espléndido sol. Horas más tarde partimos - junto a Claudia Arcuri y Francisco Serra, dos excelentes montañistas - hacia León, pequeño pueblo ubicado a 25 kilómetros de San Salvador.
A 1.622 metros sobre el nivel del mar y con apacibles 19º C de temperatura, las perspectivas de mal tiempo eran una fija.
Rápidamente nos pusimos en contacto con un arriero y conseguimos dos mulas. Pronto emprendimos la marcha hacia la fabulosa quebrada del río León. Allí, en su casa, nos esperaba el segundo arriero: nuestro amigo Felipe Santos.
En escasas seis horas ascendimos a los 2.800 metros. Santos y su señora nos recibieron de maravilla. Tras compartir unos mates y ponernos de acuerdo sobre el precio de las cargueras y su trabajo (algo que, aunque amable, no fue fácil), fijamos el horario de partida para el día siguiente.
A la otra mañana se veían bajar nubes de los cerros. Y eso no era bueno, aunque tuviésemos saludables 18º C de temperatura. Luego de detenernos en el oratorio (lugar de paso obligado para todos los andinistas), nos dispusimos a emprender la terrible cuesta de la casa de Santos: 1.000 metros de desnivel, que se deben subir en forma de escalera haciendo zigzag. El ascenso demandó tres horas.

La expedición camino al Cerro Chañi Chico. Foto: Revista Weekend
Normalmente, durante esta primera jornada se llega hasta Los Cerrillos (3.800 mts.), y recién en el día siguiente al refugio del Regimiento del Infantería de Montaña Nº 20 (4.600 mts.). Pero las advertencias de Santos sobre un posible empeoramiento del tiempo nos hicieron apurar el paso. Caminando a la par de las mulas llegamos hasta el refugio en el increíble tiempo de nueve horas. Claro, no fue fácil: luchamos contra un sol que a esa altura pega realmente fuerte, contra los empinados faldeos propensos a derrumbes constantes y contra el más terrible enemigo de un montañista: la puna. Y luchamos todos, hombres y animales, Ambos imprescindibles cuando hay que cubrir grandes distancias.
El refugio es bastante cómodo, en especial teniendo en cuenta que estamos en un lugar tan apartado e inhóspito. Pero, aunque parezca mentira, a las seis de la tarde hacía más frío adentro (3ª C bajo cero) que afuera (1º C bajo cero).
La noche ya estaba sobre nosotros. Es emocionante la belleza de la cordillera a esa hora. Me senté fuera del refugio. Reinaba un silencio profundo. Aunque resulte imposible explicarlo, sentía el gozo del cansancio. Los músculos comienzan a aflojar poco a poco después de un prolongado esfuerzo. El pecho respira hondamente una fragancia que viene del desierto serrano.

El agua es un elemento vital, aunque sea hielo y en este caso sirva para un mate
La expedición al Cerro Chañi Chico en el campamento.
Foto: Revista Weekend
Claudia me sacó de mi letargo con la noticia de una buena cena, que pronto disfrutamos. Pero no más que nuestro posterior sueño.
A las 8 de la mañana, el termómetro que tenía cerca de mi bolsa de dormir acusaba 5º C bajo cero. Una linda temperatura y un espléndido día. Teóricamente, esta jornada es para adaptación y uno se queda remoloneando, tratando de crear algunos glóbulos rojos más para oxigenar mejor los órganos vitales. Pero nosotros intentamos romper con la costumbre y - abusando de un excelente estado físico - nos pusimos en marcha después del mediodía.
El buen tiempo nos dio una mano y en tres horas llegamos al pie de la impresionante pared del Chañi Chico. Allí decidimos levantar nuestro campamento avanzado. Una hermosa cascada de hielo nos aseguraba la provisión de agua, elemento tan vital como difícil de conseguir en esa zona. Es necesario tomar entre 4 y 5 litros de líquido por día, ya que la deshidratación se acrecienta por la altura (sólo para respirar se consumen 1,5 litros).
Estábamos a una altura aproximada de 5.000 metros. Me dolía un poco la cabeza, pero aquí eso es normal. La temperatura era de 4º C bajo cero, algo que para la época del año y la altura constituía un verdadero veranito. El que se asociaba al invierno era el viento: realmente enloquecedor, con ráfagas que superaban los 80 km/h.

Campamento, expedición al Cerro Chañi Chico. Foto: Revista Weekend
Terminamos de orquestar nuestros provisorios refugios con las últimas horas del espléndido atardecer. La lucha con las lonas y el viento fue encarnizada. Por fin, vencimos. Después, una buena cantidad de caldo y a las bolsas de dormir.
La puna y el viento se encargaron de que tuviéramos una noche pésima. Mi pequeño refugio - nuevo modelo de carpa para una persona - se batía hasta enloquecerme. Todo transcurrió demasiado lentamente.
El Último Tramo
El día se despertó con 8 grados bajo cero y un fuerte viento que los hacía todavía más crudos. Después de ingerir una importante cantidad de té, partimos hacia el norte en lo que se transformaría en la parte más difícil de nuestra ascensión: el infernal acarreo con una gran inclinacion, el abra que separa la cumbre Nordenskiold del Chañi Chico hacia el filo relativamente facil que lleva hacia la cumbre.

En la cumbre del Cerro Chañi Chico. Ya no importaba el viento de 150 Km/h.
El montículo de piedras y a gozar la alegría. Foto: Revista Weekend
La cumbre parecía cercana, al rato nos dimos cuenta de que sólo parecía. Bien se dice que en la montaña las distancias confunden; habiamos calculado veinte minutos, pero en realidad fue más de una hora. Cuando llegamos, una mezcla de sorpresa y alegría nos invadió a los tres: no había apacheta, ese montículo de piedras que se hace al Inaugurar una cumbre. El viento, entre tanto, no dejaba de castigarnos. Pero a esta altura de nuestra satisfacción era apenas una caricia.

Una zona tranquila, un río de nubes, un paisaje siempre alucinante.
Expedición al Cerro Chañi Chico. Foto: Revista Weekend
Agradecemos la colaboración de Fugate, equipos de montaña

Croquis de acceso desde el Río Leon. Libro del Nevado de Chañi, de Emilio González Turu y Christian Vitry
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Croquis de ascensión al Chañi. Libro del Nevado de Chañi, de Emilio González Turu y Christian Vitry
Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez
Ver Libro: - Nevado del Chañi. Autores: Emilio González Turu y Christian Vitry. Primera Edición 2006