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- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Primera expedición al Cerro Torre (3.102 msnm) de 1958,
Provincia de Santa Cruz
Libro 50º Aniversario 1952 - 2002
Club Andino Esquel

Archivo de la Biblioteca del CCAM
- Por Folco Doro Altán -


Cordada: Walter Bonatti, Cario Mauri, Folco Doro Altan y Rene Eggmann - 1958

Otros integrantes: Vittorio Doro Altan, Horacio Solari, Héctor Forte, Eberhard Heinrich, Miguel Ángel García, José Losada.

Ubicación del Cerro Torre. Provincia de Río Negro, Argentina
 
Ubicación del Cerro Torre. Provincia de Río Negro, Argentina


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"No te empeñes, Walter -le dije- no hay nada que hacer ahora. Volveremos el año que viene y de alguna forma vas a subir...".

Estábamos todos decepcionados ante esa pared infernal de la montaña, una pared vertical y hasta sobrependiente de puro hielo, alta, de 600 metros.

Campamento 2, medio día, alimentándose después de duros trabajos de aprovisionamiento, Folco Doro Altán y Miguel Ángel Garcia. Colección: Rene Eggmann
Campamento 2, medio día, alimentándose después de duros trabajos de aprovisionamiento,
Folco Doro Altán y Miguel Ángel Garcia. Colección: Rene Eggmann

Bonatti, asombrado, continuaba recorriendo con la mirada la masa blanca de hielo que se perdía en el cielo.

Eggmann y yo, sentados sobre un montón de clavos que nos hacían de asiento sobre la nieve del Col, nos mirábamos de cuando en cuando como para subrayar lo que acababa de decir.

Mauri, muy tranquilo por lo general, trataba de explicamos a todos y a sí mismo que era una locura seguir en ese momento. Estaba excitado; la amargura de la derrota le apretaba el corazón y la barba rubia, abundante, no lograba disimular la tristeza de su semblante. Casi cegados por el reflejo de la nieve, cerrábamos los ojos y tratábamos de secar el sudor que hacia empañar los lentes ahumados.

Folco Doro Altán sentado en la nieve. Colección: Rene Eggmann
Folco Doro Altán sentado en la nieve. Colección: Rene Eggmann

Estábamos a 2.550 metros de altura, sobre una delgada cuchilla de hielo, entre dos abismos, dominados por la imponente pared sur del Cerro Torre, mientras el sol nos castigaba con violencia. Mauri y yo nos habíamos puesto un pañuelo lleno de nieve sobre la cabeza, mientras Eggmann trataba de defenderse con su rompevientos, Bonatti jugaba con un clavo de hielo sobre la nieve. Quería decir algo pero no podía, y volvía a mirar hacia arriba. Los cuatro, puntos infinitamente pequeños ante la inmensidad de ese mundo de hielo que nos circundaba, resumíamos el esfuerzo continuado de veinte días de lucha con la Naturaleza para dar el asalto al cerro más difícil del mundo, a la "montaña imposible".

Entre todas las montañas del mundo, el Cerro Torre es, sin duda, uno de los más hermosos fenómenos geológicos. Es un inmenso obelisco de granito, de 3.128 metros de altura, delgado y elegante, que parece casi perderse en el cielo. Sus verticales paredes parecen defenderlo de toda posibilidad de ataque. La montaña, cual si fuera una explosión de la Naturaleza, parece lanzarse hacia lo alto. Domina imponente el valle homónimo, emerge de las nubes que hierven a su alrededor o se esconde por días y días tras una impenetrable cortina que sólo deja ver sus contrafuertes, es una montaña embrujada, encerrada en su propio mundo, semiescondida por el Fitz Roy.

Doro Altán, Walter Bonatti y Rene Eggmann en el campamento 3. Colección: Rene Eggmann
Doro Altán, Walter Bonatti y Rene Eggmann en el campamento 3. Colección: Rene Eggmann

Planear la conquista de su cumbre implicaba muchas cosas. Ante todo, conocer el macizo, conocer las montañas patagónicas y todos los problemas que puedan presentarse a una expedición. En el caso del Cerro Torre, puesto que se encuentra en el medio de un cordón que divide los bosques orientales de las masas glaciales del Hielo Continental, se presentaban dos posibilidades: atacar la montaña por el lado oriental - el único conocido - o por el lado opuesto, el occidental, aún desconocido. Habiendo participado en 1952 en la travesía del Hielo Continental y, posteriormente, realizado varios sobrevuelos sobre el Hielo Continental con un Pioer, el lado oeste del Torre me había parecido relativamente más ventajoso, de modo que nuestra expedición planeó buscar la ruta hacia la cumbre sobre los lados oeste y sur de la montaña.

En cuanto a los hombres, se habían establecido tres grupos: el grupo de asalto, el grupo de apoyo y el grupo de reaprovisionamiento. Walter Bonatti y Carlo Mauri, dos alpinistas de extraordinaria capacidad, formaban el primer grupo, siendo secundados por Rene Eggmann, guía suizoargentino de Esquel, y por mí, que integrábamos el segundo grupo, en tanto que mi hermano Vittorio, Horacio Solari, Héctor Forte, Heberard Heinrich, Miguel Ángel García y José Losada componían el sacrificadísimo grupo de reaprovisionamiento.

Aguja Standhardt, Aguja Egger,y el Cerro Torre, vistos desde el oeste. Colección: Rene Eggmann
Aguja Standhardt, Aguja Egger,y el Cerro Torre, vistos desde el oeste. Colección: Rene Eggmann

El Col del Adela, nuestra primera meta, es un collado, silla, portezuelo o brecha, que separa el Cerro Torre del Cordón Adela (2.900 metros aproximadamente).

Desde nuestro campamento numero tres no podíamos verlo, pero Bonatti y Mauri habían instalado ya unos 400 metros de sogas fijas que nos facilitarían la ascensión al Col, ubicado unos 850 metros más arriba, con las pesadas cargas que debían alimentar con materiales y víveres el asalto final sobre la pared sur del Cerro Torre.

El 2 de febrero - exactamente seis años después que los franceses salían para encarar la pared sudeste del Fitz Roy - Bonatti, Mauri, Eggmann y yo salimos de nuestra carpa "Upsala", eran las 2, la luna llena iluminaba claramente el escenario, tuve la impresión de que las montañas del Hielo Continental que estaban a la vista, retuviesen la respiración y en el silencio más absoluto nos observaban. La cumbre del Torre, 1.400 metros más arriba, resplandecía bajo los rayos de la luna.

Col de la Esperanza, atrás los Cerros Domo Blanco, Piergiorgio y Pollone. Colección: Rene Eggmann
Col de la Esperanza, atrás los Cerros Domo Blanco, Piergiorgio y Pollone. Colección: Rene Eggmann

Lentamente, con nuestras mochilas que pesaban unos 25 kilogramos, atacamos la empinada ladera de nieve dura, en silencio. El Torre, orgullosos, terriblemente alto, nos miraba. Parecía interesado. Superadas las grietas, alcanzamos las sogas fijas y ganamos altura, alternando entre rocas verticales y empinadas laderas de nieve. Hacia las 5.30 alcanzamos el punto tope de las sogas fijas. Sobre la pared de granito a nuestra derecha unos clavos sostenían otras cargas de equipo y víveres dejadas anteriormente. Pusimos todo en nuestras mochilas y su peso subió a unos 35 kilogramos. Empezamos a subir nuevamente.

¡Ahora las cargas resultaban realmente muy pesadas!

Campamento 3, carpa tipo Upsala, construida en Buenos aires, detrás el Cerro Rincón, colgando en el viento el banderín de Esquel. Colección: Rene Eggmann
Campamento 3, carpa tipo Upsala, construida en Buenos aires, detrás el Cerro Rincón,
colgando en el viento el banderín de Esquel. Colección: Rene Eggmann

Superamos una pared de nieve sumamente empinada hasta alcanzar un filo nevado, que nos separaba de dos abismos.

Walter Bonatti
Walter Bonatti

Nos dividimos en dos cordadas: Bonatti y yo, adelante; Mauri y Eggmann, atrás. Sobre nuestras cabezas apareció finalmente el Col del Adela, parecía cercano, pero, para alcanzarlo, debíamos superar una empinada ladera de nieve hasta alcanzar una verticalísima pared de roca incrustada de hielo sobre la cual descollaban unos inmensos hongos helados, el más grande de los cuales sobresalía unos 30 metros, desde allí debíamos subir por otra pared de hielo, hacer una travesía, superar unos saltos de hielo verdoso hasta alcanzar el perfil del collado. Mientras tanto, las primeras luces hacían su ingreso sobre el Hielo Continental.

Finalmente, luego de cinco horas de trabajo, alcanzamos el Col, superando los últimos 300 metros, eran las 12.30 hs. y habíamos empleado diez horas para efectuar esa ascensión, cuando yo llegué vi a Bonatti inmóvil, mirando hacia el lado opuesto del Col, un abismo de 1.200 metros nos cerraba el paso.

Ya todos reunidos sobre esa delgada cuchilla de hielo, observamos la pared sur del Torre, una sucesión de sobrependientes de hielo no nos permitían ver la parte final. A nuestras espaldas, una pared de hielo de 40 metros dominada por un respetable hongo, nos cerraba la vista hacia el cordón Adela, mientras que frente y detrás nuestro se abrían dos abismos. Nuestro campo de acción sobre el Col era, pues, muy pequeño. Comprendimos en seguida que nuestra ruta debía sufrir una importante variante, muy expuesta a los cataclismos de los aludes, lo cual significaba cambiar toda la táctica de asalto y el empleo de una cantidad muy superior de material, además del abundadísimo que ya poseía la expedición.

Comimos entre todos una lata de conservas, no había agua y el sol golpeaba fuerte, Bonatti se ató alrededor de la cintura una soga de nylon de 120 metros y, tratando de establecer una ruta diagonal, atacó la empinada pared de una "espalda" del cerro, Mauri lo secundaba. Eggmann y yo, entretanto, empezamos a cavar una gruta en el hielo. Luego de cinco horas ellos estaban unos 140 metros más altos.

Walter Bonatti, Rene Eggmann y Carlo Mauri, al abrigo del viento y del frio cómodamente instalados se preparan para dar el asalto al Cerro Torre
Walter Bonatti, Rene Eggmann y Carlo Mauri, al abrigo del viento y del frio cómodamente instalados
se preparan para dar el asalto al Cerro Torre

Cuando se acabó la soga, Bonatti descendió, nos reunimos todos y nos sentamos sobre la nieve. "No vale la pena que te mates, Walter -le dije-. Ya sabemos ahora cuál es el camino, y esto es lo que nos interesa, haremos bien nuestros planes".

Satisfechos ahora, comimos una tableta de chocolate y emprendimos el descenso, dejamos atrás, sobre nuestras cabezas, el Col del Adela. Decidimos bautizarlo Col de la Esperanza, pues, dentro de unos meses, comenzará allá mismo nuestra nueva aventura.

Fuente: Fragmentos de la Revista Mundo Argentino, Nº 2480, 10 de septiembre de 1958.

Carlo Mauri
Carlo Mauri

Itinerario de la primera Expedición al cerro Torre de 1958 del Libro Berge meine Berge (Montañas mis Montañas) de Walter Bonatti
Itinerario de la primera Expedición al cerro Torre de 1958 del Libro Berge meine Berge
(Montañas mis Montañas) de Walter Bonatti

Esquema del recorrido proyectado para la expedicion
Esquema del recorrido proyectado para la expedición

Diagrama que hizo Carlo Mauri señalando la posible ruta cumbre del Torre, según se puede ver, comparado con la ilustración de la ruta Ferrari hecha 15 años mas tarde, es casi la misma que supuso Carlo. Gentileza de Horacio Solari
Diagrama que hizo Carlo Mauri señalando la posible ruta cumbre del Torre, según se puede ver, comparado con la ilustración
de la ruta Ferrari hecha 15 años mas tarde, es casi la misma
que supuso Carlo.
Gentileza de Horacio Solari


Publicación de la expedición italo-argentina al Cerro Torre en el Diario
Publicación de la expedición italo-argentina al Cerro Torre en el Diario

Publicación de la expedición italo-argentina al Cerro Torre en el Diario
Publicación de la expedición italo-argentina al Cerro Torre en el Diario


Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez


 
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