Las grandes polémicas del montañismo. Parte I
- por Jorge Gonzalez, Escritor -

Jorge González |
En la historia del montañismo, se han instalado algunas polémicas que giran alrededor de la interpretación a la que dieron lugar las conductas y acciones de diferentes protagonistas de renombre en el tema. Polémicos por sus actitudes o en definitiva por las elecciones que hicieron en su momento, camino al logro de sus objetivos. Aunque cada uno de ellos sienta que está justificado, sus decisiones siguen siendo motivo de diferentes interpretaciones. La montaña muchas veces no tiene nada que ver con ello y sólo resulta el ámbito en el que afloran aspectos de la naturaleza humana con todos sus componentes de vanidad y coraje que suelen manifestarse en estos casos. Algunas viejas y famosas discusiones se plantean en torno a si determinada cima fue conquistada y, en algunos casos, los protagonistas no son los cuestionados (Mallory-Irvine) pero, la misma historia, además de opiniones técnicas, ha sumado consideraciones de carácter ético.
Ver también: Las grandes polémicas del montañismo. Parte II
Monte Blanco-1786
Corría el año 1760 y apareció en Chamonix un joven de apenas 20 años proveniente de Ginebra, dueño de cierta fortuna e inclinado al estudio de las ciencias naturales: Horace Benedict de Saussure. Quedó visiblemente impresionado por la mole del Monte Blanco, que elevaba su cumbre a 4807 metros de altura y llegó a ofrecer una recompensa importante a quien se convirtiera en el primero en escalarlo.
El desafío que había puesto en marcha Saussure lo tomó un personaje que entró en escena: Michel Gabriel Páccard. Había nacido en el mismo valle de Chamonix y estudió medicina en Turín y París.
A principios de agosto de 1786, Páccard contrató a un guía joven de nombre Jacques Balmat, que se ganaba la vida cazando gamuzas y recogiendo cristales de roca. Ambos partieron cargados de comida, mantas y los instrumentos de medición de Páccard. Al segundo día, el fuerte y helado viento y el tremendo cansancio, los hacía detener con frecuencia para buscar respiro, pero finalmente, a las 6 y media de la tarde, alcanzaron la cumbre. Era el 8 de agosto de 1786.
Eric Shipton, ha escrito sobre la historia de lo sucedido: “Cabíaesperar que Balmat se sintiera profundamente agradecido a su jefe, cuya decisión e intrépido juicio le permitieron compartir el triunfo que, de todos modos, le daría gran renombre. Pero era de carácter vanidoso y mezquino. El triunfo se le subió a la cabeza y pronto, empezó a exagerar su parte en la hazaña. Probablemente nadie le habría hecho mucho caso, a no ser por la intervención de un periodista suizo llamado Marc Théodore Bourrit. Cuando este ampuloso escritor, alpinista fracasado, supo del triunfo de Páccard, los celos se apoderaron de él, e inmediatamente resolvió hacer cuanto estuviera en su mano para desacreditar al doctor. Estaba en excelente posición para conseguirlo, pues se le reconocía autoridad en todo lo concerniente al Mont Blanc.
Visitó a Balmat en Chamonix y juntos tramaron una versión fantástica del acontecimiento, que luego publicó en Ginebra sólo seis semanas después de la escalada. Páccard aparecía como un inexperto alfeñique, que a lo largo de la ascensión no fue sino un simple viajero, necesitado continuamente de ayuda y de aliento para perseverar. Finalmente, Bourrit aseguraba que el doctor había sucumbido al cansancio cuando se hallaban a pocos metros de la cumbre y que Balmat había tenido que seguir solo hasta el final, para luego volver a ayudar a su compañero a emprender el descenso. Esta versión de Bourrit fue aceptada como la verdadera historia de la ascensión.
Lo más incomprensible y, quizá, lo más triste de todo este vergonzoso asunto es que no fue desmentida por Saussure. Éste conocía bien a Páccard y estaba al corriente de todas las exploraciones realizadas por el doctor años antes de la escalada. Pero, a pesar de ser así, no sólo omitió toda referencia a ello en sus voluminosas obras sobre la exploración del Mont Blanc, sino que ni siquiera se molestó en refutar las mentiras, que para él debían ser evidentes, del relato de Bourrit. Por algunas de sus afirmaciones, resulta indudable que también él estaba profundamente celoso de su colega mucho más modesto.
En lo que atañe a Páccard, se comportó con gran dignidad y contención. Hizo pocos esfuerzos por defenderse y no se
dignó entrar en mezquinas disputas acerca de su intervención en la gran hazaña. Lo que le preocupómas fuedescubrir que su barómetro se había estropeado durante la subida, y que,por consiguiente, los datos que anotó no eran de fiar. Sólo se ocupó de organizar cuanto antes una segundaascensión para efectuar observaciones másexactas. Había proyectado editar un relato de la escalada con sus observaciones científicas. Publicó un prospecto del libro solicitando suscripciones para pagar la edición; pero al aparecer el relato de Bourrit, ya no logró los fondos necesarios y su obra no se publicó. Así creció y se divulgó el mito de la conquista hercúlea y prácticamente solitaria del Mont Blanc por Balmat y la posteridad la aceptó como auténtica. Hoy mismo no se conocería la verdad si no fuera por algunos historiadores concienzudos de principios de este siglo. Con gran paciencia, estos hombres profundizaron en el pasado, reunieron pruebas directas y descubrieron documentos que arrojaron nueva luz sobre el asunto, hasta que demostraron sin lugar a dudas la falsedad de todas las afirmaciones de Balmat y de Bourrit. Así, casi cien años después de su muerte, el doctor Páccard ocupó el lugar que verdaderamente le correspondía en los anales de las grandes proezas”.
No solo había nacido el alpinismo con la conquista del Mont Blanc sino que también nacía una de las primeras y grandes mentiras del montañismo y las vanidades humanas.
Everest-1924

En 1924 y con la jefatura del General Charles G. Bruse, secundado por el comandante E. F. Norton los ingleses intentaron por tercera vez al Everest. Los integrantes eran Somervell, Mallory, Beetham, Hazzard, Odell y Andrew Irvine, un joven de apenas 22 años. El más experimentado era George Leight Mallory considerado el mejor alpinista británico de la época y que había estado en los intentos anteriores. El 4 de junio, Norton y Somervell realizaron un intento a la cumbre pero desistieron. Mallory sabía que era su oportunidad y eligió al joven Irvine para un nuevo intento. Quizá la experiencia de Irvine con los aparatos de oxígeno fue lo que lo llevó a esa decisión. El 8 de junio Odell iba en una marcha solitaria hacia el campo VI cuando divisó sobre lo que creyó “el segundo escalón” hacia la cumbre, dos diminutas figuras escalando en la roca. Para Odell que se encontraran allí a las 13 horas, era demasiado tarde. Una cortina de nubes envolvió las figuras y cubrió la montaña. Nunca más se sabría de ellos.
La expedición sufrió el impacto, regresó a Inglaterra y Mallory fue homenajeado con el profundo convencimiento de sus compañeros de que había alcanzado la cumbre. Finalmente en 1953, Hillary y Tensing vencieron el Everest cuando se abrió el ingreso por Nepal pero la incógnita de si Mallory e Irvine habían llegado a la cima y muerto en el descenso, seguía sin resolverse y, el lado Norte de la montaña, enmudeció durante muchos años. Testimonios y hallazgos aislados mantuvieron y aún mantienen el misterio sin resolver y son muchos los que buscan develarlo.

El 1º de mayo de 1999 (75 años después de su desaparición!) una noticia conmovió al ambiente del alpinismo mundial: una expedición norteamericana dio a conocer el hallazgo del cuerpo de George Mallory a unos 8290 m de altura sobre las laderas de la cara Norte del Everest. La vestimenta y algunos objetos personales no dejaban dudas de que se trataba de Mallory. Al ser consultado sobre el cuerpo su hijo Jhon, de 80 años radicado en Sudáfrica, no dudó en decir que “lo dejaran en la montaña”. Así que tras una breve ceremonia, el cuerpo de Mallory fue nuevamente enterrado a unos 8200 m mientras continuaban a la búsqueda de Irvine. Supuestamente llevaba colgada de su cuello una cámara fotográfica Best Pocket de Kodak fabricada entre 1912 y 1926 donde podría estar el documento definitivo sobre si alcanzaron o no la cumbre.
A partir del hallazgo del cuerpo de George Mallory y sus objetos personales y la continuación de la búsqueda del cadáver de su compañero Andrew Irvine, el Alpine Club de Londres emitió un comunicado con la intención de establecer la conducta ética que deberían seguir las expediciones que pretendan encontrar el cuerpo de Irvine. Fue a través de una nota publicada en el número de marzo del año 2003 de la revista británica “High Mountain Sports” y firmada por su presidente, una leyenda viva del himalayismo británico: Doug Scott. El escrito realiza una serie de recomendaciones relacionados con el posible hallazgo de cadáver momificado de Irvine. Solicita la comunicación constante con los familiares de Irvine antes, durante y después de la expedición. Sobre el cuerpo de Irvine, la carta pide el máximo cuidado a la hora de buscar objetos personales, con la intención de evitar cualquier daño de los restos helados; algo que ocurrió, según el Alpine Club con el de Mallory. Además, afirma que después de su observación debería ser cubierto por piedras y permanecer intacto desde entonces, respetando así las leyes que impiden mover un cadáver sin permiso judicial, “práctica que debería ser respetada en las montañas”. Se exige también que todos los objetos personales encontrados junto a los restos del alpinista, sean devueltos, por respeto a los familiares, a la fundación que lleva su nombre. Por último, en lo referente a la repercusión del posible hallazgo en los medios de comunicación, el club británico, afirma que cualquier publicación de artículos o fotos del cuerpo momificado debería ser consultada previamente con lo familiares antes de salir a la luz. Su lugar, según el Alpine Club, está en un libro que reúna la verdadera historia de Mallory e Irvine, y no en la prensa popular, aunque ésta sea muy tentadora.
Ver también :
¿Cómo fue la primera ascensión al Mont Blanc?