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Enero 2011 – Revista Digital Nro 32
Ascensión de Jordi Pons a la pared Norte de los Drus en el 2003

Después de tres intentos por escalar esta pared, entre los años 1959 y 1974, al fin he conseguido pisar la cumbre de esta montaña, por eso nunca es tarde para convertir un sueño en realidad

- Por Santiago Storni -


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez

 

El K2 (Chogori en lengua batí) está entre Pakistán y China. Con sus 8.611 m es la segunda montaña más alta del mundo. La primera ascensión fue de Chille Compañón y Lino Lacedelli (31-07-1954) en una expedición italiana al mando de Ardito Desio por el Espolón de los Abruzos. Primera femenina por Wanda Rutkiewicz con Michel Parmentier y el matrimonio Barrard en 1986 y primera femenina sin oxígeno por Chantal Mauduit (3-8-1992). (Fuente: Desnivel.com)

Reportaje a Sebastián de la Cruz,de Santiago Storni, realizado en enero de 2004. Esta expedición al K2 del 30 de julio de 1994 está relatada en un documental para la televisión española, en el anuario correspondiente del Club Andino Bariloche, en la revista Desnivel y otros medios nacionales e internacionales.

(Colaboraron con la investigación y la edición Marcelo Lisnovsky y Ariel Belmonte)

Jordi Pons en la pared Norte de los Drus, 2003. Foto: Flanqueig

Amaneció despejado, con aire fresco y limpio en Pampa Linda. Por sobre las copas de los árboles se ven los glaciares descender majestuosos, milenarios del cerro Tronador. Atendiendo tanto a turistas de ciudad como escaladores técnicos, trabajando en el corral y el palenque entre baquianos y peones, ensillando y acomodando cargas, puede sorprender ver a uno respondiendo a los extranjeros en inglés, francés o portugués. Finalmente cerca de las once han salido todos los caballos, al refugio, a la laguna Illión o al Paso Vuriloche. Es entonces cuando en la tranquilidad de esa mañana de enero, hay un momento propicio para la charla con Sebastián de la Cruz.

¿Cómo fue que te vinculaste con “Al Filo de lo Imposible”? (Programa de la TV española con quienes fue al K2)
Son amigos, escaladores, una amistad que viene desde el año ‘86/’87, del campamento base del Fitz Roy; ahí nos conocimos. Después quedamos para ir al Torre al año siguiente y ellos consiguieron financiamiento de la TV española. Así que subimos al Torre y filmamos un documental par la tele.

¿Hasta la cumbre?
Hasta la cumbre. Hicimos primero un intento a los pocos días de haber llegado. Se dio buen tiempo, salimos rápido para arriba, llegamos a tres largos de la cumbre y nos agarró tormenta. Filmamos todo eso y después tuvimos que esperar como tres semanas el buen tiempo. Y en el segundo intento subimos en doce horas y filmamos los tramos que nos faltaban, más la cumbre, y bajamos. Esa fue la primera vez que me vi involucrado con la tele. (22/12/1987 Vía Maestri)

Ruta seguida por la expedición al K2, se aprecian los efectos de una avalancha. Karakorum, Pakistán. Sebastián de la Cruz. Foto: Revista Cordada
Ruta seguida por la expedición al K2, se aprecian los efectos de una avalancha.
Foto: Revista Cordada

¿En qué mes?
En noviembre, diciembre. Y con la plata que gané ahí me compré un pasaje abierto por un año, y me fui a Yosemite y a Europa a escalar. Fue una muy linda experiencia, y en España los visité de vuelta a estos amigos. Anduve por todos lados y estando en España coincidí con José Carlos Tamayo a quién también conocía del sur, del Fitz Roy. Porque el Torre lo hicimos con Antonio Trabado y Ramón Portilla. Fui a verlos a Bilbao y nos fuimos juntos a Marruecos tres semanas, y después con José Carlos nos juntamos para ir al Paine en 1991. Hicimos una ruta nueva en la Torre Central.

¿Cómo se llama?
Se llama “La Ballena de los Vientos”, en la pared sur (en la Torre Central. Eric Brand, SteveHayward, Jon Lazcano, José C. Tamayo y S. de la Cruz. 24/11/1991. 1.200 m, 6b/A3). Y luego salió el proyecto para hacer el cruce (longitudinal) del Hielo (Patagónico) con él, y lo empezamos a armar. En el ’93 hicimos el cruce del Hielo de norte a sur, que era la primera vez que alguien hacía algo tan largo, y eso sirvió de experiencia para posteriores expediciones (febrero a abril de 1993. Del Fiordo Calén al Glaciar Tyndall).

Hicimos un documental de eso, muy lindo, ganó un premio de cine. Y de ahí salió el proyecto del K2. Porque la televisión española tenía el proyecto de hacer siete programas en la zona del Karakorum, pero ese año no tenían presupuesto y lo tuvieron que anular todo. Pero ya habían comprado el permiso para escalar; entonces nos ofrecieron regalarnos el permiso. Aceptamos, y fuimos al K2.

Expedición al K2, entre los campamentos 2 y 3, Karakorum, Pakistán. Sebastián de la Cruz. Foto: Revista Cordada
Expedición al K2, entre los campamentos 2 y 3. Foto: Revista Cordada

¿Quiénes les regalaron el permiso?
La televisión. Ya lo tenían comprado y se iba a perder. Los chinos no te devuelven la plata, y era para el año siguiente. Si no se usaba se perdía. Entonces, hicimos un esfuerzo...

¿Vos eras el único argentino del grupo?
Sí. Seis españoles y yo. Había tres vascos, uno de Vitoria y dos de Madrid. Entonces le hicimos una contrapropuesta a los de la tele: que nos paguen un poco de plata y le hacíamos  un documental igual, gratis. Con esa plata compramos los pasajes. Así que, como éramos todos del ambiente de la tele, al documental lo hicimos entre todos.

¿Y tu rol cuál era?
Mi responsabilidad era el sonido, pero de vez en cuando manoteaba la cámara. Y después, escalar. En principio yo era el menos experimentado en altura; los otros tenían cuatro y cinco ochomiles.

¿Pero ninguno había ido al K2?
Habían ido, habían hecho 2 ó 3 intentos antes. Entonces hicimos toda la aproximación, y ya en los porteos nos dividimos en equipos de trabajo. Estaban los “viejos” experimentados, y los “jovenes”, que éramos nosotros: Iñaki Ochoa, José Carlos, que de novato no tiene nada, y yo. Los otros eran Ramón Portilla, Atxo Apellaniz y Juanjo San Sebastián.

¿Cuándo llegaron a la zona?
Como en junio.

¿A qué ciudad?
Primero fuimos a Rawalpindi. De ahí cruzamos todo Pakistán. Habíamos contratado los servicios de una agencia de viajes que nos organizó toda la aproximación. Así que ahí nos despacharon en colectivo con nuestras cosas y toda la carga, haciendo toda la Trans-Karakorum Highway para entrar en China. Nuestro permiso era por la Pared Norte del K2, así que teníamos que entrar por China.

La normal es la sud-sudeste, que es la ruta de los Abruzzos, si se puede llamar a algo normal en esa montaña!
Y fuimos ahí a Kashgar, que es China, al noroeste del Tibet, y de ahí volvimos para el sur, hacia la cordillera. Después tuvimos como cuatro días a pata, haciendo porteos hasta el Campamento-Base.

Expedición al K2, subiendo al campamento 3, Karakorum, Pakistán. Sebastián de la Cruz. Foto: Revista Cordada
Expedición al K2, subiendo al campamento 3. Foto: Revista Cordada

¿Tenían mucha carga?
Sí; de todas forma era una expedición muy ligera. No íbamos en plan alpino sino más bien en forma de expedición, pero llevábamos lo mínimo. Incluso los porteadores nunca pasaron del Campamento-Base. Porteamos nosotros, porque es la mejor forma de aclimatar. Y del Campamento-Base al Campamento Uno la pared es muy peligrosa, con caídas de piedras, bastante técnica; así que dijimos: ¿Para qué vamos a arriesgar la vida de los porteadores, si la boludez de subir el cerro es nuestra?

Entonces hicieron varios porteos ahí.
Sí, estuvimos como un mes.

¿Porteando?
Lo que pasó fue que nos encontramos con una expedición americana-inglesa que habían llegado un mes antes y estaban en la misma ruta. Ya habían fijado cuerdas hasta los 6.000 m más o menos. Entonces hicimos un trato con ellos, para trabajar juntos. Como ellos ya habían invertido tiempo, nosotros tuvimos que trabajar más, para compensar. Así que porteamos como perros. Y pusimos nuestro material a disposición. Hicimos todo el mantenimiento de lo que ellos ya habían hecho. Y bueno, rápidamente los alcanzamos. Lo que no alcanzamos  fue la aclimatación, porque ellos ya estaban aclimatados. Pero estuvimos un mes instalando la pared: Campamento 1, 2, 3 y hasta el Campamento 4.

¿La altura de cada uno?
El C2 estaba a 6.700. El C3 a 7.500 y el cuarto a 8000. Cuando estábamos llegando al C3, ya en la expedición americana estaban hartos y se querían ir, así que quedo uno, un inglés. Los otros se fueron todos.

¿Sin la cumbre?
Sin la cumbre. También en la zona había una  expedición italiana que había llegado al mismo tiempo que nosotros, pero ellos no se pudieron poner de acuerdo con los americanos, por su temperamento; no encajaron. Ellos estaban haciendo otra ruta más a la derecha, paralelamente. Compartían las cuerdas hasta los 6.000 m más o menos.

Sebastián de la Cruz en la cumbre del K2 con la Asociación de Guías de Montaña, Karakorum, Pakistán. Foto: Revista Cordada
Sebastián de la Cruz en la cumbre del K2 con la Asociación de Guías de Montaña. Foto: Revista Cordada

¿Cómo siguió después del C4?
En  principio el equipo “joven” trabajaba preparando la ruta para los más experimentados.

¿Ya estaba previsto quienes iban a tirar cumbre?
Sí, los experimentados. Dejamos listo hasta el C4 para ellos. Subieron, y el día del intento  de cumbre, no sé por qué, desistieron y bajaron. Y ahí nos quedó la puerta abierta para que nosotros intentáramos.

Los “jóvenes”...
Subimos. Iñaki había tenido un accidente: se había quebrado un brazo en una parte de sogas fijas, se colgó y se cayó. Tuvo que volverse. Aprovechó y se fue con los americanos e ingleses. Así que con José Carlos salimos, y bueno, hicimos la cumbre. Del Campamento 4 para arriba fuimos en solo, cada uno por su lado...

¿Sueltos???
Bah, sueltos... llevábamos una soguita por si las moscas.

¿Y no la utilizaron?
La usamos a la vuelta para hacer un rappel en la parte del glaciar empinado.

¿Y llegaron más o menos juntos a la cumbre?
Sí. Íbamos juntos. Solos pero acompañándonos. Sin soga fija.

Sebastián de la Cruz llegando al campamento 2. Expedición al K2, Karakorum, Pakistán. Foto: Sebastián de la Cruz, Revista Cordada
Sebastián de la Cruz llegando al campamento 2. Foto: Revista Cordada

¿Cuántas horas?
Ah, no me acuerdo... unas once horas hasta la cumbre. Y la vuelta, no sé, unas siete horas.
 
Y después, se mandaron los “viejos” de vuelta.
Claro, nosotros bajamos y ellos subían. Y después, bueno, ellos tuvieron un problema, porque iban muy lento y los agarró la noche bajando de la cumbre. Se perdieron, tuvieron que vivaquear, y al día siguiente a uno de ellos lo agarró una avalancha, que lo hizo bajar como cuatrocientos metros.

¿A quién?
A Juanjo San Sebastián.

¿Y lo dejó mal?
La avalancha frenó; y después siguió caminando hasta encontrar el C4. Y Atxo quedó arriba, solo, y bajó muy despacio. Estaban muy cansados los dos.

¿O sea que la avalancha lo “ayudó” a Juanjo?
Sí, pero perdió los guantes y sufrió mucho en las manos. Recién al otro día, en el límite de sus fuerzas Atxo llegó al campamento. Nosotros subimos a buscarlos, y lo alcanzamos cuando llegaba al C3. Mal tiempo, y bueno, en el C2 Atxo falleció de agotamiento. Al otro día llegamos abajo con Juanjo y lo evacuamos rápido para que fuera a España. Ahora anda bien Juan.

Sebastian de la Cruz en la cumbre con la bandera Argentina y el banderin del Club Andino Bariloche, Karakorum, Pakistán. Foto: Agencia de Noticias Bariloche
Sebastian de la Cruz en la cumbre con la bandera Argentina y el banderin del Club Andino Bariloche.
Foto: Agencia de Noticias Bariloche

Pero, ¿nunca quedó sepultado por la avalancha?
No, se ve que iba “nadando”.

¿Y vos fuiste el más joven del mundo en hacer cumbre?
¿Sabés que no sé? Capaz. 25 creo que tenía.

¿No estás seguro?
No, pero es probable.

¿Y no sabes si alguien después lo bajó?
No, ni me preocupé.

De tu carrera ¿Qué habías hecho hasta entonces?
En altura había hecho el Aconcagua por Polacos, y en Perú había hecho tres o cuatro seismiles, nada más.

Pero tenías un montón de cosas hechas... 
Técnicas, pero en altura no. Estuve una temporada en Perú, se aprende mucho...

Volviendo al K2, la cumbre fue el día...
Fue un día antes de que se cumpliera el 40º aniversario de la primera ascensión. Creo que fue el 30 de julio, y la primera fue el 31. (Primera el K2 31/07/54)

¿Por esa misma ruta?
No, por la normal. Esta ruta fue abierta por un equipo japonés en el año 1981, creo.

K2, Karakorum, Pakistán. Foto: www.jwk.pl
K2, Karakorum, Pakistán. Foto: www.jwk.pl

¿Tenía pocas repeticiones?
Pocas, sí, porque es bastante técnica (Japoneses 1981. Italianos 1983. Americanos 1986. Franceses 1991).

¿En total cuánto tiempo te ocupó?
Fueron dos meses y medio.

¿Vos no habías estado en el Himalaya antes?
No.

El K2 no es la más alta, pero dicen que quizás sí la más difícil.
Si, pero hay otras paredes también muy difíciles en el Himalaya.

Es una linda montaña, ¿no? Su forma...
Si, la forma es espectacular. Creo que eso es lo que la caracteriza. Principalmente la forma del triángulo isósceles.

¿Después seguiste vinculado a “Al Filo de lo Imposible”?
Sí, después fuimos a la Antártida con el programa (diciembre 1994/febrero 1995)

¿A hacer qué?
Una caminata hasta el Polo Sur. Después no hice nada más. Siguieron ellos haciendo cosas, pero personalmente no me atraían.

K2, Karakorum, Pakistán. Foto: wikipedia
K2, Karakorum, Pakistán. Foto: wikipedia


El Hielo Patagónico longitudinal


Cambiando de tema, Thomas Ulrich me pidió tu teléfono, porque él acababa de hacer el cruce longitudinal del Hielo... ¿Te llamó?
Si, incluso antes nos habíamos contactado por mail; me pidió información.

Porque hay una polémica: Pablo Besser (Chile) le discute porque no salieron por el Glaciar Balmaceda, y además usaron trineos con vela, que no deja de una especie de asistencia...
Es una tontería. Es como decir que los autos no tienen que tener ruedas. Es un avance tecnológico.

Y el compañero de él, el noruego Ousland, dijo (y creo que uds. también decían), que salir por el Tyndall es como la salida natural del Hielo.
Yo no conozco más al sur. Me gustaría ir a conocer. Lo que yo vi en el mapa no es una continuidad del altiplano. De hecho ya la Falla de Reichert es un corte en el Hielo Continental. Yo sostengo que el Hielo Patagónico hay que dividirlo en tres tramos: el Patagónico Norte en la zona del San Valentín, el Patagónico Centra hasta la falla, y el Patagónico Sur desde la falla hasta el (glaciar) Tyndall.

¿No hasta el Balmaceda?
No te puedo contestar. Sé que no hay una continuidad lógica, o sea que es forzar eso.
No lo conozco, pero ya el hecho de tener que subir un glaciar colgante o una pared, quiere decir que no es el Hielo Continental. Estaría bien tres mil años antes cuando había más hielo.
 
Yo creo que hay un cordón, creo que hay algún corte...
Sí, creo que hay; tuvieron que usar sogas, pero no puedo hablar de algo que no conozco. Incluso cuando subimos al Torre en el ’87, ya nos salió la idea de hacer eso.

Claro, de ahí veían el Hielo.
Y sí, estaba ahí, y hasta donde veías era hielo. Estaba muy tentador. Así que nuestro proyecto era caminar por los altiplanos de hielo, no era hacer ningún récord  mundial ni nada de eso. Obviamente, después, por una cuestión deportiva, vos tratás de hacer lo más grande, lo más largo, etc. Pero siempre lo que es posible y natural; no vas a andar forzando. Mi opinión es, y seguramente el equipo chileno tendrá una diferente, que lo importante es la experiencia. Cada uno tiene sus opiniones. La montaña es democrática; cada uno opina y cada uno hace lo que quiere, sin molestar a los demás.Sé que están confeccionando un mapa detallado del Hielo. Porque a ellos (Ulrich-Ousland) les faltó, porque el mejor que había hasta entonces era el de Tamayo.

¿Quién lo está haciendo?
Pablo Besser.

Hielos Continentales, Patagonia, Santa Cruz. Foto: Guillermo Martin
Hielos Continentales, Patagonia. Foto: Guillermo Martin

Sí, porque hay zonas que están en blanco.Este verano Tommy Heinrich lo iba a cruzar con Curuchet, con trineos y perros huskies, transversalmente (finalmente no lo concretaron). Lo iban a hacer como diversión, como curiosidad...
Sí, yo en una época lo quería hacer con una moto de nieve... Y sigo con ganas de hacerlo. Meterme en el hielo a escalar esos cerros, muy adentro...

Hay un montón de cerros a los  que no va nadie.
No va nadie. Cerros hermosos.

Debe haber montañas por bautizar.
Sí.

¿Qué estás haciendo de tu carrera?
Y, estoy tratando de sobrevivir...

¿Estas escalando?
Un poco, pero en plástico.

¿En plástico? ¿En palestra?
Sí. Es la única forma. En los ratos libres. Pasa, viste, con el laburo...

¿Pero cuando decís laburo, hablás de guiadas o de la hostería y las cabalgatas?
No, con la hostería y las cabalgata no tengo nada que ver. Hablo de guiadas, de grupos.

¿Hay poco?
Y, estos últimos años aumentó mucho la oferta. Al haber más profesionales....

Pero con la devaluación, ¿no están viniendo más extranjeros?
Sí, pero lo capta la nueva oferta. No, si yo no me quejo. 

¿Es de Bariloche la nueva oferta?
Sí, nuevos residentes de Bariloche que han venido de afuera. También forma parte de la evolución.

¿Y cómo te ves de acá a los próximos años?
Y, no sé.

¿Y acá, en Pampa Linda, cuánto tiempo pasás?
Principalmente el verano.

¿Y el resto del año?
En Bariloche, los chicos van al colegio.

Se debe reducir el trabajo el resto del año.
Sí, por el clima.

Y, el K2 más las otras experiencias, ¿qué te dio? ¿Vinculaciones con montañistas internacionales?
Son experiencias de vida.

Hielos Continentales, Patagonia, Santa Cruz. Foto: Guillermo Martin
Hielos Continentales, Patagonia. Foto: Guillermo Martin

¿El Eco-Challenge fue también una consecuencia de eso?
No, eso es una changa aparte.

Pero, ¿cómo te encuentran? Por qué cayeron con Sebastián de la Cruz?
Y, preguntan quién habla francés, quién hace montaña, quién tiene experiencia. Estimo que si los del Raid Gauloises, que fue hace diez años, vienen hoy y empiezan a averiguar, por ahí los engancha cualquier otro ¡! (Risas)

Y vos, ¿de quién  aprendiste?
Yo picoteé de un montón de gente. Hice los cursos del Club Andino Bariloche, del CABA, amén de un montón de personajes: “Chule” (Chulengo Lamunière), Colores Di Pietro, Mariano Lynch, Marcelo Aguilar, Eduardo Brenner, Marcos (Couch), Peta (Friedrich), Werner Lion... Yo me instalaba en el Frey y pasaban los escaladores, y bueno, íbamos a escalar juntos. Thomas Wuschner, Daniel Anker, Pedro Lutti... Hay un montón.

¿En Patagonia lo conociste a Bridwell?
Si. Nos encontramos en la Standhardt. Nosotros queríamos hacer la primera ascensión, y él también. Un tipo bastante desubicado. Al final nosotros nos fuimos, pero encontramos el lugar por donde subir. Después él subió por ahí.

¿Pero al final quiénes fueron los primeros?
Ellos. (Bridwell, Smith y Smith. 29/01/1988. Exocet).

¿Ustedes encontraron el lugar pero no subieron?
Claro, ellos se mandaron por otro lado y nosotros fuimos por unas canaletas, pero no teníamos el equipo apropiado.

¿Con quién ibas?
Con Pedro Lutti

¿Tuviste algún compañero habitual de escalada?
En una época escalaba mucho con Gabriel Ruiz, en el Frey; y después con cualquiera.

Ya se había hecho mediodía. Habíamos estado charlando debajo de un árbol y gentilmente me invitó a almorzar con él a la hostería de su suegro; asado con papas, en la cocina por supuesto, con el personal, sus compañeros de trabajo de cada día en Pampa Linda

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Pared en los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 1955. Foto: Edtorial Juventud

Pared en los Drus, 1955. Foto: Edtorial Juventud

En el año 1959, Josep Santacana y yo, tomamos la decisión de escalar esta pared. En aquel momento ni tan siquiera pensaba que habían otras tan importantes come ésta. Solo me atraían los Drus. Era la segunda vez que iba a Chamonix y la presencia de aquella espectacular aguja me había impresionado desde el primer día lo que justificaba mis deseos de escalarla.Nuestro equipo era tan limitado como ilimitado era mi entusiasmo. Las cuerdas ya eran de nylon, pero no así la vestimenta que estaba muy lejos de ofrecer la más mínima garantía en caso de mal tiempo. La aproximación desde Montervers y la Mer de Glace era la única ruta conocida lo que hizo posible que vivaqueáramos en la morrena no lejos de la pared norte. Al día siguiente ganamos altura relativamente deprisa pues el corredor Ryan-Lotchmatter no ofrece demasiados problemas técnicos.. A media tarde, superada la Fisura Lambert, decidimos detener la ascensión. Con la llegada de la noche llega también el mal tiempo y en pocos minutos todo cuanto nos rodea queda tapizado por una gruesa capa de nieve que poco a poco nos empuja fuera del pequeño rellano donde nos hallamos sentados.

Al día siguiente, apenas despunta el alba iniciamos el descenso. Mis pantalones de pana no están pensados para soportar la nieve y aún menos el agua por lo que a medida que perdemos altura, me veo obligado a sujetarlos para evitar perderlos durante las numerosas maniobras de cuerda que nos vemos obligados a realizar. De noche, muertos de cansancio, llegamos a Chamonix, justo cuando la gendarmería francesa empezaba a interesarse por nosotros.

Pasan los años, pero no los suficientes como para hacerme olvidar los Drus y aquella pared de la que, probablemente, salimos mejor librados que si hubiésemos seguido hacia la cumbre. En el año 1972, deambulaba solo por Chamonix, tras despedir a mis compañeros Ferràn Abella y Joan Cerdá, después de haber realizado juntos la primera ascensión española a la arista Frendo en la pared Norte de la Aigulle du Midi. La casualidad hace que coincida con algunos jóvenes amigos del Grupo de Alta Montaña del Club Montañes Barcelonés. Entre ellos están Toni Fontdevila y Remi Bresco, cuyo prestigio como escaladores está fuera de cualquier duda. Mi propuesta de ir a los Drus les interesa, por lo que al día siguiente partimos hacia esta montaña cuyo glaciar del Niche, en plena pared, destaca de manera bien visible entre las oscuras aristas de granito.

Jordi Pons escalando por primera vez en los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 1959

Jordi Pons escalando por primera vez en los Drus, 1959

Con los años, la aproximación a la base de la pared Norte ha cambiado. Ya no se realiza desde la Mer de Glace, sino desde la estación superior del teleférico de Grands Montets, lo que reduce sensiblemente el horario y el cansancio, a pesar de lo complicado que resulta hallar un itinerario más o menos lógico entre el complicado glaciar de Nant Blanc. Son precisamente las incontables grietas de este glaciar, las que nos retrasan hasta el punto que, llegada la obscuridad, nos vemos obligados a vivaquear entre un indescriptible caos de hielos.

El imprevisto vivac nos permite atacar, a primeras horas de la mañana del día siguiente el corredor Ryan- Lochtmatter. Con todas las horas por delante y sin ninguna cordada que nos preceda, nuestra progresión es relativamente rápida o al menos así nos lo parece, además, el material ya no es tan anacrónico como el de 1959 y los flamantes pantalones Bonneval que adquirí tras el primer intento en la pared de los Drus, son toda una garantía en caso de tener de enfrentarme con el mal tiempo.

Pero estaba escrito que en esta ocasión tampoco conseguiría mi objetivo a pesar de haber alcanzado la zona más comprometida de la pared, donde las fisuras de granito caen verticalmente sobre el glaciar. Una meteorología adversa nos sorprende al pie de la Fisura Allain, en el tercio superior de la pared (por error no conseguimos enfilar la fisura Martinetti, que es mas fácil) En breves momentos, el cielo se cubre y los primeros truenos retumban encima de nosotros justo cuando ya hemos tomado la decisión de abandonar, lo más aprisa posible, el punto máximo alcanzado. En plena tormenta y con más miedo que vergüenza, vamos perdiendo altura viendo como se me escapa por segunda vez la posibilidad de vencer aquella pared Norte. Otra noche al raso y en condiciones precarias, no nos la quitará nadie......

Aguja del Dru, Chamonix, Alpes Franceses. Foto: www.lamontanadeserbal.blogspot.com

Aguja del Dru. Foto: www.lamontanadeserbal.blogspot.com

Dos años más tarde, o sea en el año 1974, Emilio Civís, Ángel Rosen de Vitoria y yo volvemos a la carga. Una escapada a Chamonix siempre es algo saludable....Curiosamente, los tres acabamos de llegar del Himalaya hacía pocos días. Rosen del Everest y nosotros dos del Annapurna. Esta vez sino subimos no será por falta de equipo ya que nuestra vestimenta es inmejorable: botas dobles, anoraks de nylon resinado y chaquetas de pluma de duvet auténtico. Las fibras sintéticas y el tejido de forro polar aún tardarían en aparecer. Los piolets, eso sí, siguen siendo de madera. La experiencia de mis dos anteriores intentos nos lleva a utilizar una táctica de ataque que nos parece buena. Saldremos de Chamonix a media mañana hacia Grands Montets, lo que nos permitirá poder atacar la pared entrada la tarde y superar algunos largos de cuerda por lo que al día siguiente dispondríamos de bastantes horas para concluir la ascensión.

En los últimos años, los Drus se han ganado una bien merecida fama de montaña peligrosa, debido a la caída de piedras que se desprenden no solo del Nicho sino también de la parte superior. A menudo son autenticas avalanchas de piedras y hielo las que barren toda la pared, habiendo causado algunos accidentes mortales.

Decididos a pasar la noche lo más confortable posible y a resguardo de la caída de piedras, nos instalamos en una pequeña repisa asomada sobre el abismo. Ante la imposibilidad de conciliar el sueño, me incorporo un poco justo en el momento en que las primeras descargas eléctricas iluminan el fondo del valle, no lejos de Chamonix ¡Mierda ¡ Otra vez el mal tiempo.- Civis- llamo a mi compañero- Hay tormenta sobre Suiza y no creo que tarde en llegar hasta nosotros. Ni a Cívis ni a Rosen parecen afectarles mis palabras. Insisto. Ni una estrella en el firmamento. No hace nada de frío y esto me preocupa.

Jo mirant amunt, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus 2003. Foto: www.naciodigital.cat

Jo vers la Lambert, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jo vers la Lambert, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus 2003

Media hora mas tarde, nos vemos envueltos en pleno fregado. Recogemos rápidamente el material esparcido por el suelo e iniciamos el primero de los "rappeles" justo cuando la tormenta rompe sobre nosotros. La tempestad no cesa y las descargas eléctricas se suceden unas a otras. El miedo me invade pues no quiero ni pensar lo que supondría que una de estas descargas se colara por donde nos estamos descolgando, teniendo en cuenta que las cuerdas pasan, precisamente, por las clavijas de hierro. Con las primeras luces del alba alcanzamos la estación de Grands Montets donde, aparte de sentirnos a salvo, podremos descansar hasta la llegada del primer teleférico y regresar, con la cola entre las piernas, al valle de donde partimos ayer.

Año 2003. Ha llovido mucho desde entonces. Han pasado 44 años desde la primera vez que pisé la cara Norte del Dru y 29 desde la última. La montaña sigue inalterable y su pared Norte, sumergida permanentemente entre las sombras, ofrece el mismo aspecto solemne y altivo de siempre. Solo la ausencia de nieve en el glaciar del Nixe ha desfigurado, si cabe, la imagen que conservaba de años anteriores. El retroceso de los hielos en las últimas décadas es evidente por lo que la ascensión a esta pared se ha convertido en algo así como una ruleta rusa, ante la gran cantidad de piedras que barren la pared a cualquier hora del día. Por supuesto que este cambio climático no ha afectado la estética de los Drus ya que su belleza sigue siendo la misma de siempre. No ha envejecido, cosa que no puedo decir yo. En este aspecto la naturaleza siempre ha sido superior al hombre.

¡Es una suerte, al menos para la naturaleza, claro¡

Jordi Pons bajando en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jordi Pons bajando en la Pared Norte de los Drus, 2003

Cuando ya casi me había olvidado de que los Drus seguían siendo una deuda pendiente para mí (entretanto había conseguido escalar las paredes Norte del Cervino, del Eiger, de las Grandes Jorasses, de la Cima Grande di Lavaredo y del Piz Badile ) apareció en escena el amigo Lluís Giner y vuelve a ponerme el caramelo en la boca - Jordi, ya verás como este año "cae" la Norte del Dru. Solo necesitamos un par de días de buen tiempo. Esta frase no era nueva para mí ya que durante los últimos meses Lluís me la había recordado en diversas ocasiones y lo que hubiera podido quedar como una simple anécdota empezó a tomar forma a medida que se acercaba el verano.

Es increíble la tenacidad de mi amigo. A finales de julio, nos situamos en Chamonix. Por razones de maniobrabilidad y aún de seguridad nuestra cordada se ve ampliada a tres escaladores. Carles Gusi, con quien ya había realizado una escalada en hielo en Colorado ( EEUU ), se anima a unirse a nosotros con lo que difícilmente habría encontrado un mejor tándem. Además, la edad de ambos suman la mía y esto ya es una garantía en una ascensión donde disponer de condiciones físicas es importante. A las 8 de la mañana iniciamos el descenso desde Grands Montets pisando un hielo negro y pulido como el cristal. A la vista de lo que observamos, no tiene nada de extraño que la aproximación a la cara Norte del Dru se vuelva a efectuar desde Montervers. Tres horas y media más tarde, iniciamos la ascensión por el corredor Ryan-Lochmatter, viéndonos obligados a extremar las precauciones, pues la ausencia de nieve pone al descubierto las piedras sueltas que silban por encima de nosotros como balas enloquecidas.No me resulta fácil reconocer los largos de cuerda a excepción de la Fisura Lambert y alguna que otra más, a pesar de que algunos de los pasos los estoy repitiendo por cuarta vez. El motivo quizás sea porque en esta ocasión hemos sustituido las botas de cuero por los "pies de gato" (calzado utilizado últimamente en la mayoría de ascensiones de roca de los Alpes), lo cual, sumado a mi posición de segundo de cordada, hace que las cosas se vean de distinta manera, sobretodo porque la técnica de progresión es muy distinta.

Jordi Pons, 2007. La Saca Gran

Jordi Pons, 2007. La Saca Gran

A últimas horas del día y después de quince largos de cuerda, nos detenemos en una pequeña plataforma utilizada anteriormente por otras cordadas. Atados y protegidos con los cascos de escalada, nos disponemos a pasar la larga noche metidos en un saco de vivac para dos personas, lo cual exige una buena dosis de resignación, ante la imposibilidad de mover ni tan siquiera un brazo. De madrugada y ante la evidente falta de confort por falta de espacio, nos ponemos en marcha rápidamente lo cual es una ventaja ya que según parece, hacia media noche se espera un cambio de tiempo, por lo que es importante encontrarse fuera de la pared Norte antes que ello ocurra.

Poco a poco, el glaciar del Nixe, va quedando a nuestros pies, mientras las fisuras por las que progresamos se enderezan de manera espectacular. Con los años, la nieve ha ido desapareciendo y ahora solo asoman lisas placas de granito encajadas entre restos de hielo obscuro. A media mañana llegamos a la zona más expuesta y vertical de la pared. Es el punto "clave" donde algunos restos de tacos de madera y viejas clavijas asoman de vez en cuando, dejando constancia de que nos hallamos en la parte más expuesta y difícil de la cara Norte. Progresando unas veces como cabeza de cordada Lluís Giner y otras Carlos Gusi, nos situamos bajo la Fisura Allain. Esta fisura no tan solo es la original, sino que además es más difícil que la llamada Martinetti, utilizada por la mayoría de cordadas, precisamente porque es más asequible que la primera. Es en plena superación de la Fisura Allain, cuando nos damos cuenta del reconocido prestigio de este largo de cuerda, considerado de sexto grado en los años siguientes al logro de la primera ascensión.

Jordi Pons, 2006. Peñon de Ifach, Alicante, España

Jordi Pons, 2006. Peñon de Ifach, Alicante, España

Al contrario de mis anteriores intentos, en los que el martillo y las clavijas estaban al orden del día, aquí no utilizamos ni una ni otra cosa. Solo los "friends" que pasan de manos de Lluís a los de Carles y viceversa, a cada lago de cuerda. Afortunadamente para mí, la colocación de cada uno de estos pequeños artilugios es un punto de seguridad increíble lo que me permite, en aquellos pasos donde la pared tira de espaldas colocar el estribo sin el menor pudor. Hacia las siete de la tarde llegamos a la brecha donde termina la ruta de la pared Norte. Dos rellanos sobre el abismo, protegidos con un pequeño muro de piedras, es un claro testimonio de las muchas cordadas que han pasado aquí la noche.

Es demasiado tarde para empezar a descender ya que se necesitan tres o cuatro horas para llegar, después de muchos "rappels" al refugio de la Charpoua. Además, hay otra razón que aconseja quedarnos aquí y es la llegada del mal tiempo previsto para esta noche. En realidad, todo es mal que mata pero si la tormenta nos sorprendiera en algún lugar más comprometido que aquí, la situación podría ser realmente crítica. La medida del saco de vivac es el mismo de ayer a la noche pero el rellano es algo mejor lo que permite afrontar, con cierta filosofía, la anunciada llegada del mal tiempo.

Jordi Pons, 2010

Jordi Pons, 2010

Al igual que en el año 1974, soy testigo del primer relámpago sobre la ciudad de Ginebra. No falla, antes de media noche retumban los truenos a nuestro alrededor y en pocos minutos empieza a nevar abundantemente. ¿A que estamos bien dentro de esta casita ? Quien ha dicho esto es el amigo Carles Gusi, que le sobra moral por los cuatro costados. Cierro los ojos en un intento por dormir. No resulta fácil. No por la estrechez del saco sino porque son demasiadas sensaciones las vividas en esta pared, a lo largo de mi vida montañera. Creo que nunca una montaña se me había resistido tanto.

Mis dos amigos, Lluís y Carles, no saben que les estoy profundamente agradecido por haber hecho posible que hoy, 30 de julio del 2003, a mis setenta años, hayan hecho posible que un sueño se haya convertido en realidad. En silencio, la nieve se va depositando sobre nuestro saco de vivac. Será de madrugada cuando nos daremos cuenta de la abundante nevada que había caído sobre los Drus, cuya pared Norte ha quedado impracticable por unos cuantos días.

Por suerte para mí, ya no habrá necesidad de un nuevo intento.......


Jordi Pons Sanginés

- Extraído de la Enciclopedia Viquipedia del Catalán -

Nacido en Barcelona en1933, es un alpinista, esquiador, cineasta y escritor catalán. Es, de su generación, el único alpinista que, además es un cineasta de primera calidad, aún activo en ambas especialidades.

Es considerado uno de los padres de la actual generación de alpinistas y escaladores de Cataluña y de todo el Estado español, con ascensiones a paredes míticas como la cara Norte del Eiger o el espolón Walker de las Grandes Jorasses, en el Macizo del Mont Blanc , en el Hindukush, al Annapurna, etc. Formó parte de la primera expedición catalana al Everest en el año 1982, organizada por el Centre Excursionista de Catalunia (CEC), de la que queda como testimonio el magnífico filme Everest 82, primera expedición catalana. En 2003, cuando ya había cumplido los 70, escaló la pared del Dru, una de las más difíciles escaladas de los Alpes, después de varios intentos a lo largo de su vida de escalador, de la que también queda un testimonio gráfico, el vídeofilm La inaccesible pared norte del Dru.

Jordi Pons filmando en la pared Oeste del Everest

Jordi Pons filmando en la pared Oeste del Everest

Jordi Pons en el Fujihama, Japón, 2008

Jordi Pons en el Fujihama, 2008

Su obra cinematográfica comprende más de una veintena de documentales de los que, él dice pueden ser presentados con una cierta dignidad, muchos de los cuales destacados con premios en  el Festival de Cine de Montaña de Torelló y en los festivales internacionales de Trento o de Les Diablerets. De entre todos cabe destacar los documentales del Ama Dablam (1981), el citado Everest 82, el Cho Oyu 8201 m (1984) y Mackinley , la montaña polar (1987), todos ellos rodados con cine 16 mm, la calidad de los cuales está muy por encima del concepto de una cierta dignidad que él usa modestamente cuando habla de sus filmes y cuando afirma que para sacar a la gente de su casa para ver un documental sólo se podía hacer si había un mínimo de garantías de pensar que las imágenes eran de suficiente calidad para hacer perder unas horas de sueño. En 2005 recibió una medalla UNICA (Unión internacional de Cine Amateur) de manos de la Sección de Cine del CEC. En 2007 fue elegido miembro honorífico de la UIAA (Federación Internacional de Alpinismo y Escalada). Es la quinta persona que obtiene esta distinción en esta organización.

Ascensiones más destacadas de Jordi Pons:

1959 Cima Grande di Lavaredo, Cara Norte, Comici Route
1960 Centinelle Rouge (Mont Blanc), Primera ascensión española
1960 TorreTrieste, Cassin-Ratti route, Primera ascensión española
1961 Nevado Huacaran Sur, Primera ascensión
1962 Cervino (Matterhorn) Cara Norte, 21ª ascensión, primera española
1964 Eiger Cara Norte, 47ª ascensión mundial, primera española
1967 Grandes Jorasses Walker Rid, Primera ascensión española
1964 Cima Grande di Lavaredo, Directisima
1963 Nevado Siula Grande, Huay Huash. Directísima, Primera ascensión, Peru.
1965 Cima Canali, ruta Herman Buhl
1966 Chimborazo, Primera ascensión española
1967 Garet   El D´jenoun. Primera ascensión
1968 Monte Ararat, Armenia
1969 Istor-O-Nal Hindu Kush 7398mts, Primera ascensión
1970 Piz Badile Cara Noreste.
1974 Annapurna Este. 8024m, primer “8.000” español
1976 Agpatut, Groenlandia
1978 Yerupaja South direct west
1979 Dhaulaguiri. 8172m 6ª ascensión
1981 Ama Dablam 6.768m 3ª ascensión
1982 Everest Arista Oeste 8.500 metros
1983 Aconcagua, Argentina
1984 Cho Oyu, 8201m, 3ª ascensión después de Messner y Vera Kormakova.
1985 Kilimanjaro, Africa.
1987 Mac Kinley Arista Oeste
1988 Gasherbrum II, 8035m, Paquistan.
1991 Kanjirolawa, 6250m, Dhaulagiri, Cara noroeste, primera ascensión
1997 Nevado Artesonraju, 6.050m, Cara Oeste
1999 Piramide Tacul, Ruta Contamine
2003 Drus Cara Norte, Ruta Allain, Alpes
2006 Nevado del Pissis, 6.882m Argentina
2007 The Professor, ICE FALLS. Canadá
2007 Louise Falls, Lago Louise. Canadá
2007 Serac Grassi, Alpes
2007 Dent du Geant, Alpes

Jordi Pons, 2010. Foto: Final Vivencias

Jordi Pons, 2010. Foto: Final Vivencias

Jordi Pons en Puente del Inca, Argentina. Foto: Jaime Suárez, Facebook Jordi Pons


Jordi Pons escala la Norte de la Pique Longue del Vignemale a los 83 años

- 14/09/2016 -
- Por Darío Rodríguez e Isaac Fernández, Desnivel.com -

En 1952, cuando tenía 19 años, estuvo a punto de intentar esta ruta: "Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió". Sesenta años después lo ha conseguido. De la cuerdas de cáñamo, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas de los años cincuenta... a escalar con ochenta y tres años con fisureros y pies de gato. Nunca es tarde para cumplir un viejo sueño.

Jordi Pons es una de las figuras más sobresalientes del alpinismo de nuestro país.Nacido en Barcelona en 1933, su currículum de primeras nacionales es impresionante. Actualmente Presidente de Honor de la FEDME, firmó las primeras de las tres míticas paredes norte de los Alpes: Cervino (1962 con Heinz Pokorski), Eiger(1964 con Josep Manuel Anglada) y la Walker de las Grandes Jorasses (1967). Fue también el primer español en escalar un seismil (1961, el Nevado Huascarán en Perú con Anglada), un sietemil (1969, el entonces virgen Istor-o-nal en el Hindu Kush pakistaní con Anglada, Cerdà y Civís) y un ochomil (1974, primera absoluta delAnnapurna Este, con Anglada y Civís).

En los años ochenta, fue el alpinista español con más ochomiles, tras haber ascendido el Dhaulagiri (1979, primera nacional), el Cho Oyu (1984, primera nacional) y el Gasherbrum II (1988) además del citado Annapurna Este. Otras primeras nacionales suyas son el Monte Ararat (Armenia), el volcán Chimborazo(Ecuador), el Nevado Yerupajá Sur (Perú), el Ama Dablam y el Kanjeralwa (Nepal) o el Garet el D'jeneoun (Argelia). El McKinley, el Kilimanjaro, el Aconcagua y muchas otras montañas también figuran en su haber.

La que no había conseguido ascender nunca era la cara norte del Vigmenale, laPique Longue (3.298 m) en los más cercanos Pirineos. Y eso que en 1952 ya viajó allí para intentarla. Sin embargo, aquel día se puso a llover y tuvo que dejarla para más adelante... "Poco podía imaginar que sesenta años más tarde, con Joan Quintana, volvería a meterme en este berenjenal", reconoce Jordi Pons, quien apunta que "esto demuestra el valor de la tenacidad y que, en un deporte como el montañismo, nunca es tarde para intentarlo; transmite un mensaje para todos aquellos que se proponen algún día conseguir un reto".

Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. Foto: Joan Quintana, PixPeak


"Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió"

Fue una asignatura que quedó pendiente durante seis décadas...
Es que para mí aquella aventura, con 19 años, me venía grande. Afortunadamente, llovió y ya nos fuimos hacia Aragón.

Mis compañeros, Xavi Ayuso y Joan Quintana, me decían "Jordi, si en un momento dado no estás motivado, ves algún problema o no te encuentras bien"... O sea que yo iba un poco condicionado a ver mi comportamiento cómo iba. Afortunadamente fui ascendiendo sin problemas. Los mil metros no te los quita nadie, pero tampoco es nada del otro mundo, sobre todo cuando vas con pies de gato y un buen equipo. Iba con 4 kilos en la mochila, si es que llegaba, y me llevaban en volandas para que no tuviera ningún problema. Y a veces los sueños se convierten en realidad.

¿Cómo surgió la idea?
Fue por Joan Quintana, que un día se le encendió la bombilla; leyendo mi currículum se dio cuenta de que no había hecho la Pique Longue. Un sueño de joven que se había quedado en sueño... y va y sesenta años más tarde lo he hecho, gracias a mis compañeros de cordada Joan Quintana, Xavi Ayuso y Carles González, que es bombero y era el que filmaba. Me encontré rodeado de tres personajes con una seguridad increíble. Y escalar 1.000 metros de desnivel co una mochilita de 4 kg a la espalda y una cuerda por delante... pero, claro, hay que subir, que tampoco sé si todo el mundo puede hacerlo con 83 años, casi 84.

¿Cómo es la ruta?
Es una clásica. Es un paredón al que le faltan 100 metros para llegar a ser como El Capitan, es un murallón.

¿Cuánto tiempo invertisteis?
A las 7 de la mañana empezábamos en la rimaya y las 7 en punto de la tarde llegábamos arriba, aunque incluso contemplábamos la posibilidad de llegar de noche.

Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana en la norte del Vignemale. Septiembre 2016. Foto: Jaume Altadill, PixPeak


"Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres"

¿Cómo te sentiste en la escalada?
Muy bien. Cuando vas con profesionales... si había una placa de esas que son inclinaditas pero que no hay presas, que tienes que subir en adherencia... me dejaban los pedales colgados y simplemente tirando, sin siquiera subirme en ellos, superaba aquellos metros. Como era el ultimo y me tocó recuperar todo el materia, llegaba a la reunión envuelto en los pedales, los friends, los empotradores... Ahora estas cordadas jóvenes, cada vez que hay una fisura van colocando empotradores por todas todos sitios –cosa que me parece estupendo–, mientras que antes te lo pensabas mucho antes de colocar una clavija. Entonces yo iba recuperando todo el material y cuando llegaba a la reunión donde estaban ellos, parecía que iba disfrazado. Me encontré muy bien, al día siguiente hubiera podido ir de excursión perfectamente.

¿Hubo algún largo que te costara más?
No, en absoluto. Salimos a las 5:30 de la mañana del refugio de Oulettes, a las 7:00 en punto saltábamos la rimaya y nos enganchábamos de la pared, atacamos justo por el couloir de Gaube –que está absolutamente seco, con solo un par de techos con hielo– y en ningún momento, de los treinta largos de pared que hay, me encontré apurado, al contrario. Luego bajamos todo el glaciar del Petit Vignemale y subimos a dormir al refugio de Baysellance. Al día siguiente, bajada a Oulettes, al parking y a España. Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres días. Lo que hacíamos con mosquetones y clavijas y buscando, ahora se hace con un material ligero y con pies de gato. No tiene nada que ver lo que se hace hoy en día con lo que nos tocaba hacer en los años cincuenta.

Me llevo un gran recuerdo de esta montaña. Cuando se enteraban que tenía 83 años, los guardas de los refugios se quedaban parados, me felicitaban y yo me sentía arropado de pensar que hay poca gente a mi edad que se mete en una pared de 900 metros de altura, y eso siempre se agradece. Me sentí muy feliz de poder decir que en España todavía queda más de un Carlos Soria.

Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana. Septiembre 2016. Foto: Jaume Altadill, PixPeak


"Me cansé más llegando al refugio que durante la escalada"

¿Y al día siguiente no tenías agujetas ni cansancio?
No. Yo llevaba muchos días sin escalar por un problema de ciática, y aproveché ahora quince días en Andorra para hacer 6.500 metros de desnivel en el Comapedrosa, el Tristaina, el Font Blanca, el Casamanya, el Pic Alt de la Capa... Son seis cumbres y cada una tiene un promedio de 1.000 metros de desnivel. La técnica de escalada es lo último que se pierde. De hecho, reconozco llegué tocado al refugio de Oulettes cargado con la mochila y las horas del sol. Como me dijo, Xavi Ayuso "fuiste de mal a mejor: llegaste justo al refugio, al día siguiente bien, y a la hora de la escalada aún mejor". Y luego el regreso –que por primera vez utilicé esos cramponcitos que van en las zapatillas de andar–, ni agujetas ni nada, yo mismo me sorprendí y pensé "a ver si es que estoy volviendo a una segunda juventud".

Hace 60 años, ¿con qué material escalabas?
Con cuerdas en cáñamo de 40 metros, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas; cuerda a la cintura, asegurando por la espalda, sin casco ni arnés ni nada. Y así fuimos incluso al Dru con Santacana la primera vez. Todo aquel material, comparado con lo que se lleva hoy en día... Ahora, incluso llevábamos mucha agua; mis amigos llevaban tres o cuatro litros, yo llevaba una botella de medio litro.

Jordi Pons -83 años- y Joan Quintana (izq.) en la cumbre del Vignemale. Foto: Carles González, PixPeak


"Me recuerda a la norte del Petit Dru, que hice en 2003, 44 años después del primer intento"

En comparación con otras escaladas tuyas que recuerdes, ¿cómo la has visto?
Bueno, yo sólo había tenido dos escaladas que no había podido hacer, y ambas parecidas. Una era la pared norte del Petit Dru, que intenté en 1959, en 1972 y en 1974, y hasta el cuarto intento con Lluís Giner, 44 años más tarde, a los 70 años, en el 2003, no la conseguí escalar. Y a los 83, la norte del Vignemale. Ambas paredes tienen un parecido, porque fueron un reto pendiente que se quedó ya para la posteridad. He tenido la gran suerte en mi vida que, sin ser ningún héroe, he conseguido que las etapas de la vida se fueran sucediendo una tras otra y que algunas de las rutas que quedaron sin hacer las he realizado muchos años después.

¿Tú qué te consideras más alpinista o escalador en roca?
Me considero alpinista, porque me ha gustado tanto el hielo como la roca. En cambio, no he sido un hombre que me haya dedicado a abrir vías un domingo tras otro. Y es que durante 30 años fui corredor de esquí nórdico y, en lugar de pasar los fines de semana en Montserrat abriendo rutas, me dedicaba más a otra actividad. Y al final, aunque haya hecho más de 200 ascensiones en Montserrat, me considero más alpinista que escalador.

De hecho, también destacaste en los ochomiles...
Sí, hice el Annapurna Este, el Dhaulagiri, el Cho Oyu y el Gasherbrum II. El Dhaulagiri fue una gran ascensión. La hicimos al mismo tiempo que Sylvain Saudan y su expedición franco-suiza en la que hubo fallecidos... y eso pesa, que estés en una expedición y haya compañeros que dejen el pellejo. También estuve en el Shisha Pangma, que es una montaña que ha quedado por hacer, con los militares cuando murió Joan Martínez.

¿Qué ochomil es del que guardas mejor recuerdo?
Del Annapurna Este, el primer ochomil, y luego quizás del Dhaulagiri. Los franceses antes de ir al Annapurna estudiaron el Dhaulagiri y dijeron que era demasiada montaña para ellos en aquella época (1951). Y eso que eran Lionel Terray, Louis Lachenal, Jean Couzy, Gaston Rébuffat, Marcel Schatz... Pues resulta que no lo fue para Jordi Pons, que hizo cumbre con los navarros y con Ang Rita, que era su primer ochomil y luego hizo doce ochomiles.

¿Cómo es tu vida ahora? ¿Sigues entrenando todos los días?
Más que entrenarme, procuro no hacer una vida sedentaria. Procuro salir y hago todo lo que puedo para mantenerme... pero es lo mismo que he hecho toda la vida: hago gimnasia por la mañana, voy algún día a correr por las montañas de los alrededores –más que correr, es andar deprisa–... Considero que soy un hombre que se cuida un poco, pero nada del otro mundo. Sí que entrené mucho en la época en que hacía esquí de competición.

Jordi Pons escaló el pasado miércoles 7 de septiembre la Norte de la Pique Longe para una filmación de la productora Pixpeak, para un episodio que se emitira en TV3. En la escalada le acompañaron Joan Quintana, Carles Gómez y Xavi Ayuso. Jaume Altadill le filmó desde la base.

Jordi Pons (83 años) en la cumbre del Vignemale. Foto: Joan Quintana, PixPeak

 

Bibliografía de la Biblioteca y Archivo del CCAM:

- Revista "Al Borde". Realizado en enero del 2004


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

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