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- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Segunda Ascensión de argentinos al Cerro Fitz Roy (3.375 mts),
Provincia de Santa Cruz
Una cumbre histórica

Revista "Aire y Sol", Mayo 1984
Archivo de la Biblioteca del CCAM
– por Pedro Friedrich –


Luego de casi 20 años, otra expedici
ón argentina venció al legendario Chalten, uno de sus protagonistas narra aquí la historia de esta trascendente hazaña.

Integrantes: Alberto Bendinger, Marcos Couch, Pedro Friedrich y Eduardo Brenner.

Ruta: Franco Argentina del Fitz Roy – Chalten (pared sudeste), variante de la "francesa", la "directa pilar sudeste" 9 y 10 de marzo de 1984. 550 mts.

Mapa de ubicación del Fitz Roy, Provincia de Santa Cruz, Argentina

Mapa de ubicación del Fitz Roy, Provincia de Santa Cruz, Argentina


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El calor del verano comenzó hace unos pocos días, por lo que el río aún trae grandes cantidades de agua. Los cruces son siempre una pequeña aventura e, inevitablemente, pensamos en aquel desafortunado miembro de la expedición francesa del '52, Jacques Poincenot, quien perdió la vida aquí, en este río y en estas mismas circunstancias. Pero pronto aprendemos a descubrir con una breve mirada a las torrentosas aguas, la parte menos profunda del cauce. Cuando éste resulta hondo, entonces cruzamos todos juntos, formando un círculo o una cadena y tomados de los hombros. Cada uno carga el máximo de peso tolerable, lo cual permite que nuestros pies se afirmen bien en el pedregoso lecho y resistamos el embate de la correntada, aunque nos haga sospechar el alto costo que deberemos pagar luego. El viento y la lluvia no cesan sus embestidas, y nos vemos obligados a apelar a toda nuestra fuerza de voluntad para completar el traslado del equipo hasta Río Blanco.

De izquierda a derecha, las agujas Saint Exupery, Juarez, Poincenot y la cara este del Fitz Roy. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
De izquierda a derecha, las agujas Saint Exupery, Juarez, Poincenot y la cara este del Fitz Roy

Por fin, el acarreo termina. Sin embargo, no tenemos mucho tiempo para descansar tras la labor realizada, ya que unos días calmos nos obligan a emprender la segunda etapa del avance hacia el cerro. Debemos construir y equipar una cueva de hielo en el "Paso Superior", y no es posible hacerlo con mal tiempo. También erigimos una confortable cabaña de troncos, abajo, en el bosque, con el fin de pasar en ella los largos y frecuentes días de lluvia. La obra demanda 10 días de ardua labor, pero aquí está, lista, con su techo de tejuelas, puerta, ventana, bancos, mesa y hogar con chimenea. Así, de esta manera, los días de lluvia ya no nos parecen tan molestos.

Mientras los otros leen, tallan en madera, cocinan o simplemente conversan en nuestro cálido refugio, mi mente vuela hacia Buenos Aires y trata de recordar cómo comenzó todo....

Campamento base de Rio Blanco, contra la cabaña los toneles de plastico con que portearon el equipo. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Campamento base de Rio Blanco, contra la cabaña los toneles de plastico con que portearon el equipo

Fue una tarde lluviosa de mayo. Me hallaba abocado a preparar mis exámenes finales cuando una llamada telefónica interrumpió mi dedicación a los libros. Era Alberto, mi compañero de cordada desde hace ya varios años, diciendo que tenía que comentarme algo sumamente importante; que fuera a verlo con toda la información sobre la Patagonia que hallara en mi biblioteca. Su voz, a pesar de un dejo misterioso, sonaba entusiasmada. De más está decir que no lo pensé mucho tiempo: al rato entraba a su habitación con la bibliografía indicada. Me encontré con un Alberto hipnotizado ante las páginas de un viejo libro, que se caía a pedazos. En una de las hojas sueltas que yacían en el piso, alcancé a leer: "Al asalto del Fitz Roy", de Luis Depasse. Inmediatamente se me hizo la luz sobre la inesperada convocatoria y las intenciones de mi amigo. El libro relata la primera ascensión al Fitz Roy, en el año 1952, proeza realizada por los franceses Lionél Terray y Guido Magnone. La ruta no había sido repetida aún, a pesar de que este libro la describe con todo lujo de detalles. Por ello nos causó no poco asombro el hecho de que nadie la hubiera repetido en 30 años, lapso en el cual otras vías más peligrosas —como las "Chouinard" y "Supercanaleta" contaron con numerosos intentos.

Ese invierno, Alberto Bendinguer, Marcos Couch, Eduardo Brenner y yo trocamos nuestras vacaciones de esquí por unas semanas de escalada en el cerro Catedral, decisión que resultó acertada ya que nos permitió conocer el viento huracanado y la tormenta en la pared.

Eduardo Brenner, amasando pan en la cabaña de Rio Blanco. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Eduardo Brenner, amasando pan en la cabaña de Rio Blanco

Escalamos en chimenea y fisuras cubiertas de hielo, y aprendimos, sobre todo, a descender con cuerdas congeladas y mucho viento. Este aspecto fue de vital importancia, pues nos permitió escapar luego de la pared en medio de una fuerte tormenta. Una vez finalizada la experiencia, comenzamos a prepararnos para los tres meses de expedición en el verano...

Vuelvo a la realidad, a este verano del '84... Nuestro tan preciado altímetro ha caído en desgracia. Es difícil explicar cómo este diabólico instrumento es capaz de tiranizar a todos los habitantes de este campamento. Un pequeño movimiento de la aguja hacia la izquierda, y todos nos precipitamos hacia los campamentos altos, convencidos de que esta vez sí ha llegado el buen tiempo. Por supuesto que en todos los casos en que ello ocurre, nos encontramos envueltos en una tormenta de viento y nieve.

En cada oportunidad en que regresamos a nuestra "cueva de hielo" del "Paso Superior", acosados por el temporal y luego de un día sin dormir, comer ni beber, ésta nos parece tan confortable como la cabaña del bosque. Reconocemos a cada paso los indicios que nos anuncian que estamos avanzando hacia lugares cada vez más inhóspitos, lo cual nos obliga a extremar las precauciones. Una tormenta imprevista en la pared, con temperaturas sumamente bajas y vientos que pueden superar los 200 km./h, puede llegar a tener serias consecuencias para nosotros. Por ello, ocupamos algunos días y el resto de las cuerdas de que disponemos en establecer una línea de cuerdas fijas desde la base de la pared, pasando por la brecha, hasta la rimaya, en el borde del glaciar. Eso nos garantiza una retirada veloz y segura, aun en medio del más terrible de los temporales.

Fitz Roy Pared Sur Este Cuadernos Patagonicos Nº 4. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Fitz Roy Pared Sur Este. Cuadernos Patagonicos Nº 4

Ya todo el pesado equipo de escalada ha sido transportado hasta la silla francesa. Decidimos regresar al bosque y esperar allí el tan anhelado viento sur. De pronto, los cóndores comienzan a volar bajo, muy cerca de nuestro campamento. La luna ha cambiado con tiempo calmo y, a la tarde, el cielo se tiñe de rojo. Los pobladores de la zona nos aseguran que pronto habrá algunos días buenos...

Con cierto escepticismo, partimos hacia la medianoche para, luego de interminables horas de caminata sobre el glaciar, llegar a la silla temprano por la tarde. Eduardo y Marcos, que habían dejado parte del equipo de escalada en la rimaya, tienen que perder dos días en desenterrarlo de debajo de la nieve. Mientras tanto, Alberto y yo preparamos un vivac en la silla, donde pasamos una noche plagada de expectativas y sueños indescifrables.

La salida del sol es temiblemente roja, y el cielo se halla invadido por nubes lenticulares "platos voladores", como se los conoce, lo cual anuncia indefectiblemente fuertes vientos y tormentas. Desilusionados, aunque sin perder las esperanzas de que el tiempo se mantenga por un día más, nos metemos en la pared.

Transportando carga en el glaciar inferior. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Transportando carga en el glaciar inferior

El primer largo consta de pasos artificiales fáciles y dificultad media, combinados con otros de escalada libre, muy difíciles. A lo largo de esta fisura de 40 metros, levemente inclinada a la derecha, hallamos en varios lugares algunas cuñas de madera que, por su estado de erosión, nos permiten suponer que pertenecieron a los franceses Lionel Terray Guido Magnone. Los clavos y mosquetones, e incluso la escalera de peldaños de aluminio parcialmente destruida por el viento, datan, indudablemente, de intentos posteriores.

Este largo termina en una cornisa muy expuesta, cubierta de hielo, en la que efectuamos el primer relevo. Después de dos largos igualmente expuestos y de escalada libre muy difícil, llegamos al punto donde los franceses inician una larga travesía a la derecha, para empalmar con un sistema de fisuras y diedros, que los llevarían a la "araña". Esta consiste en un manchón de hielo y nieve que, por su forma característica, ha sido bautizado con este nombre singular. Sin embargo, nosotros no estamos dispuestos a efectuar semejante travesía, por lo que buscamos un camino más directo.

Afortunadamente, justo por encima de nuestras cabezas hay un espectacular diedro que parece haber sido hecho a medida para el tipo de material que traemos. Unos largos de mediana dificultad nos llevan a la base de este increíble cuerpo, en la que nos disponemos a encarar los dos últimos largos de la jornada. Nos vemos obligados a emplear casi todo el material de escalada del que disponemos para superar estos 70 metros en artificial. Debemos efectuar un relevo en la mitad del diedro, colgados a nuestros arneses. Finalmente, y con la última luz de día, llegamos a la "araña", que es todo menos un confortable lugar de vivac. Encontramos una pequeña saliente de roca, debajo de la cual nos sentimos protegidos del viento y las piedras que pudieren caer. Allí, nuevamente, colgados de nuestros arneses y parcialmente enfundados en las bolsas de dormir, nos disponemos a esperar la salida del sol, luego de comer y tomar algo caliente.

Eduardo Brenner, cueva de hielo en el paso superior. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Eduardo Brenner, cueva de hielo en el paso superior

En un intento de cambio de posición, atisbo a la luz del amanecer unos jirones de nubes que corren a pasmosa velocidad por la arista del pilar sudeste. Cuando aclara me convenzo de que nos encontramos en medio de una terrible tormenta. Por fortuna nos hallamos en un sitio protegido, ya que, de otra manera, el viento nos arrancaría de la pared. Rápidamente salimos de nuestras bolsas de dormir y, tras comer un trozo de chocolate y unas frutas secas, reiniciamos la escalada. El primer largo va por terreno algo escarpado y con escarcha. Hace frío, mucho frío, y no es posible escalar sin guantes, aunque estos no resisten demasiado el filo del granito.

El segundo largo es más difícil todavía, y comienza a nevar. La pared se va cubriendo de una espesa capa de polvillo blanco, que el viento lanza con fuerza sobre nosotros. Emprendemos la retirada, atendiendo a la prudencia y a que Alberto ha sido golpeado por una piedra en el brazo. El furor de la tormenta aumenta por momentos, y el descenso se convierte en una tortura. Aquí es donde se advierte la utilidad de lo aprendido en el Catedral, cuyas enseñanzas debemos aplicar. Luego de 10 horas de agotador descenso, llegamos a la silla, cansados y sedientos. De allí, no sin esfuerzo, arribamos a la "cueva de hielo" con el amanecer. Hemos fracasado, pero crece en nosotros la certeza de que el próximo intento nos llevará a la cumbre.

Luego de tres días de recuperación en el campamento del bosque, estamos listos de nuevo. El altímetro ha comenzado a descender nuevamente; nunca lo habíamos visto bajar tanto. Creemos que "nuestra hora ha llegado
" Allí está el Fitz Roy, majestuoso, iluminado por la tenue luz del amanecer. Ni una sola nube mancha el azul del cielo. Avanzamos por el glaciar cuya consistencia resulta de ayuda. Al atardecer llegamos nuevamente a la silla y, mientras Alberto y yo preparamos un lugar para pasar la noche, Eduardo y Marcos fijaron los primeros 60 metros de la ruta con cuerdas.

El amanecer nos halla nuevamente en camino. Al par que Alberto y yo volvemos a escalar los largos hasta la “araña", Eduardo y Marcos cumplen la delicada tarea de instalar las cuerdas para el descenso. Por la tarde "'alcanzamos la "araña", inmediatamente de lo cual nos abocamos a la misión de ubicar un vivac más cómodo que el del otro día. Tallamos cuatro pequeñas butacas en una cornisa de roca cubierta de hielo, de manera tal que los pies cuelgan al vacío. Esto impresiona un poco, pero cuando oscurece ya no se ven los 1.000 metros de abismo que existen debajo de nuestra posición. Luego agotados, los jarros de sopa, el frío empieza a calarnos hasta los huesos. Para sacudírnoslo, cantamos hasta el amanecer, que se presenta impecable. Con un poco de suerte... ¡hoy llegaremos a la cumbre!

Los ocho largos restantes que nos separan aún del filo cumbrero,
corren prácticamente sobre el espolón sudeste. Pese a extenderse estos sobre terreno más escarpado, la dificultad no disminuye. Hallamos pasos de escalada artificial bastante complicados, que alternan con fisuras chimeneas y lajas escarchadas, lo que los hace insuperables en algunos casos.

Nos vemos obligados a efectuar péndulos y otras maniobras acrobáticas para superarlos. Avanzamos, ganamos altura y, de pronto, notamos que la aguja Poincenot ha quedado ya más abajo que nosotros. Presentimos el fin. No pueden quedar más que dos largos. Ya casi estamos. Pero no debemos perder la calma; no pueden ocurrir errores aquí arriba. Tenemos que realizar una travesía acrobática muy expuesta para rodear un bloque con forma de proa de barco. Luego, un relevo sobre otro bloque empotrado en el hielo.

Relevo escalando la pared del Fitz Roy. Segunda ascensión argentina al Fitz Roy, Santa Cruz
Relevo escalando la pared del Fitz Roy

Y el último largo, uno de los más difíciles. Debo tallar escalones en el hielo para llegar a una chimenea angosta extraplomada y congelada. Con la mano izquierda logro encontrar algunas pequeñas presas, mientras con la derecha me mantengo colgado del martillo para hielo, que se halla clavado en el cristalino elemento. Centímetro a centímetro, logro ascender. Mis pies casi no encuentran sostén y frecuentemente los dejo colgar, izándome con el martillo para ganar unos centímetros más. De pronto, la pendiente cesa bruscamente. Veo el filo delante de mí. Una suave pendiente de nieve y hielo nos separa de aquel soñado bloque, aún iluminado por el sol del atardecer.

Fijo la cuerda y aviso a mis compañeros que salí al filo. Gritos..., aullidos y alaridos de alegría son la respuesta que recibo. Dentro de poco, el esfuerzo habrá rendido sus frutos... Mis ojos se humedecen... Debe ser por la emoción del instante; por la alegría que me invade, aunque también por este sueño de niño que ha dejado de ser precisamente eso: un sueño...

Instantes después nos encontramos los cuatro encima del bloque cumbrero. Ya sopla un fuerte viento frío, y desde el hielo continental avanza una temible masa de nubes hacia nosotros. Es una cumbre nerviosa, ya que nos quedan apenas dos horas de luz, en las cuales debemos alcanzar las cuerdas fijas. La noche nos sorprendeen plena bajada, y debemos continuar a la luz de nuestras linternas frontales. Llegamos sanos y salvos al lugar del vivac de la silla, a las dos de la madrugada. Como era de esperar, la mañana nos recibe con fuertes ráfagas de viento y lluvia, pero ya nada puede detenernos en nuestro descenso hacia la pequeña cabaña... Allí abajo, el bosque ya se debe haber vestido de otoño.

Pedro Fiedrich, Alberto Bendinguer, Marcos Couch y Eduardo Brenner, jóvenes miembros de la Segunda expedición argentina del Centro Andino Buenos Aires que escala con éxito el Fitz Roy, arribaron a la cumbre en marzo de este año, luego de tres meses al acecho, por una ruta nueva, variante de la "francesa", la "directa pilar sudeste".

Nota Editorial:

Eduardo Brenner falleció en el Chaltén el 5 de Noviembre de 1988, al darse vuelta el bote de goma en el que bajaban el turbulento Río de las Vueltas, pocos días antes de cumplir sus 27 años.

Entre sus escaladas se destacan:

Aguja Guillaumet: 21 de enero de 1981. 500 mts., Eduardo Moschioni y Eduardo Brenner.

Fitz Roy: Ruta Franco Argentina (pared sudeste) 9 y 10 de marzo de 1984. 550 mts., Alberto Bendinger, Marcos Couch, Pedro Friedrich y Eduardo Brenner.

Aguja Bífida: Pedro Friedrich y Eduardo Brenner; 1985.

Nueva ruta en la cara Oeste del Cerro Catedral (Bariloche), “Vía del Orco” Eduardo Brenner, Pedro Friederich y Marcos Couch; 1986.

Fitz Roy: Primera ascensión invernal (ruta Supercanaleta) 26 al 28 de julio 1986. 1600 mts., Gabriel Ruiz, Sebastián de la Cruz y Eduardo Brenner.

Fitz Roy: Noviembre de 1987, Silvia Fitzpatrick y Eduardo Brenner.


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez


 
Jefe de Proyecto: Ing.Natalia Fernández Juárez      Diseño/Desarrollo: Hernán Rafaele















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