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La cumbre del Fitz Roy, en primera persona. 8 de Diciembre del 2008
- Recopilación Christian Chavez -


Fitz Roy…. allá voy!”. Por Charly Galosi.

Charly Galosi, en el Fitz Roy, Argentina.Qué se puede contar! El sur existe!
Frío, viento, pesto, nieve. Pero tan mágico como pocas cosas.
Eso es difícil de expresarlo en unas palabras frente a un teclado, pero me pidieron que escriba algo. Ojo que solo soy guía de trekking, por lo tanto no es mi fuerte la redacción.

La vida en Bari –por Bariloche- me llevó a conocer muchos personajes a los que nos gusta lo mismo, y de una u otra manera ha ido influenciando para poder hacer cosas cada vez más interesantes.
En el Mundillo del ski de travesía conocí a "El Gallego" Sergio Camacho, quien desde hace casi un año me insistía en ir a Patagonia hacer algo de montaña.

El 2008 vino a full de actividades: carreritas por ahí, escaladas en roca por Valle, Piedras Blancas, hielo en Frey y D'agostini, y lo picante del invierno fue el Punteagudo con Alvar Puente. Estas cosas motivan ya que estás en movimiento, activo, y con pilas para hacer más.
Se acercaba fin de año y se vinieron abajo un par de proyectitos interesantes por mal tiempo (San Lorenzo, Mercedario), pero con el Gallego seguíamos pensando en la movida del Sur.

Hicimos varios entrenamientos para ver si nos la bancábamos, previo mini cursito dictado por el Gaita. Aprendí muchas maniobras y trucos para ir más rápido en la pared. Dos idas a Frey, en una de las cuales, la Oeste de la Princi nos dio un baño de humildad en la que dudé bastante sobre a posibilidad de concretar algo grande en el Chaltén.
Sergio tenía el Fitz Roy en mente y ya estaba focalizando la vía. A mi, me quedaba grande la idea por la alta dificultad.
Pero la motivación y la actitud eran superior a toda técnica asíque cruce los dedos y como ya lo había escuchado de la boca de varios escaladores que tenían el mismo sueño, repetí: “Fitz Roy......allá voy!”.

El 1 de diciembre salimos en la chata del Gallego por la 40. Lindo viaje, tranquilo.
Llegamos a Chaltén, luego de una parada a dormir en la ruta y caímos en la casa de Jimmy Heredia. Acomodamos un poco todo y nos encontramos con varios que estaban muy motivados por salir. Se venían días de buen clima y además los chicos -Tomy, Jorgito, el Tibu y el Cabeza- estaban bajando del Torre ese mismo día.
El grupo de climbers estaba listo para salir a hacer algo.
Lo vimos a Máx Odell en su boliche y nos dijo: “Salgan ahora, ya!”.
Luego de acomodar un poco todo el equipo, fuimos a felicitar a los pibes por el Torre que estaban de cordero a full y arrancamos despacito escuchando cumbia para el la hostería El Pilar.
Dormimos unas horas tirados al lado de la chata y cuando amaneció empezamos a caminar hacia el campamento Poicenot. Llegando a Río Blanco nos encontramos con dos cordadas de gente amiga que habían coronado la tarde anterior el Fitz -Ponto, M. Santonato, Dante y Galgo-. Ellos, nos pasan el parte actualizado de las condiciones de la pared. La verdad que fue de gran ayuda poder acceder a esa información.

En la Laguna, los tres nos pusimos los esquíes, la nieve estaba muy pesada para esquiar y nos dimos cuenta que no había sido buen negocio haberlos llevado.
En Paso Superior, nos quedamos unas cuantas horas para hidratar y reponer energías. Dormimos unas 3 horas hasta las 9 de la noche, armamos las mochis y salimos por el glaciar superior en dirección a la Brecha de los Italianos. Por suerte nos habían tirado la data que estaba equipada con una cuerda fija para los rapeles.
Subimos la Brecha en casi 2 horas. Es una rampa de nieve, hielo y roca de 450 metros de desnivel. Llegamos a la base de la Silla, era de noche y decidimos descansar. Nos tiramos 3 horitas, entre sentados y colgados sobre una repisa que mira el este.

Cuando empezó a amanecer, continuamos la marcha por una serie de terceros. Había bastante viento del sur-oeste que te castigaban un poco. Pasamos otra trepindanga cortita y salimos a la Silla de los Franceses que, al cruzarla, nos encontramos por primera vez con la pared real del Fitz Roy.
Ya con todo el material colgando, con las mochis pesaditas, cruzamos una rampa expuesta hasta llegar a pié de vía. Desde ahí nos esperaban 14 largos de un granito inolvidable!
“Joder Tronco! Acojonante!”, dijo el Gallego y, la verdad, que no es para menos. A nuestra derecha se veía el patio letal que da al glaciar superior y a la impresionante pared este.

Luego venía un largo de cuarto grado, tranqui. Un quinto y un tercero medio engañoso que hizo que nos perdiéramos probando y buscando por dos pseudo vías. Esto nos retrasó más de 2 horas, ya que Sergio lideraba la cordada y tenía que volver a la reunión al encontrarse con pasos desplomados de gran dificultad que eran muy evidentes que no eran de tercer grado.

Luego vino el quinto largo que es un quinto más de dificultad. De ahí, a el famoso Diedro de 6b. El primer largo del Diedro tiene una laja clavada muy particular y la segunda parte goteaba permanentemente por tener arriba el nevero de la Araña.

Ya eran siete los largo hechos y el día pasaba a fondo. Hicimos un larguito de mediana dificultad más y ya eran pasadas las dos de la tarde por lo tanto, decidimos bajar.
Era viernes a la tarde y nos habían tirado que el sábado después del mediodía se pondría feo, con mucho viento por varias horas.
Ya con ocho largos conocidos, empezamos los rapeles, estaban todos armados, cosa que facilitaba el descenso.
Bajamos también la Brecha y llegamos al paso superior, era tarde y decidimos vivakear (en la jerga de montaña significa improvisar un pernocte) ahí mismo. A la mañana temprano, agarramos los esquies, bajamos hasta la laguna y de ahí a Chaltén. Nos recuperamos un poco, comimos, chequeamos de nuevo internet mientras entraba una nube tapando todo el cordón del Fitz.
El tiempo aguantaría bien, esas nubes se irían con la levantada de presión de esa tarde, asíque los augurios de la racha de buen clima seguían.
El espíritu de volver estaba intacto, solo un poco más desgastados físicamente.
“Otra vez será” dijimos, para la próxima sabríamos más de cómo se escala en Patagonia.
Varias cordadas saldrían al día siguiente en distintas direcciones; algunos al Torre, otros a la Mermoz, al Pilar Casarotto.

Ya era el cuarto día desde que salimos de Bariloche y ya nos estábamos equipando nuevamente para la segunda batalla. Esta vez haríamos el intento con raquetas de nieve, ya que con los esquíes de travesía se complicaba porque la nieve se estaba yendo muy rápido.
Hasta paso superior…todo bien. Hidratamos un par de horas y descansamos un poco. A las nueve de la noche arrancamos hacia la Brecha.
“Hace un frío de cojones!”, dijo Sergio.
“Acá en la Patagonia debe ser así”, contesté, pensando que esos -12º eran usuales para escalar en estas paredes, y de hecho habían varias cordadas de grosos que estaban encarando cosas mucho más densas que la Franco-Argentina, ellos eran nuestros referentes.

Luego nos enteramos que una potente cordada de Argentinos bajó del Pilar Casarotto por el frío.
Entre la Brecha y la Silla, encontramos un lugar donde dormitamos antes de entrar a la vía.
Cerca de las 4 de la mañana arrancamos a escalar lo más rápido y fluido que podíamos. Sergio tiraba los largo "chungos" y yo los jumareaba para poder avanzar lo más rápido posibles a mi no me daba para ponerme las zapas de escalada ya que el frío te dejaba los pies helados de toque.
Hasta el 8vo largo todo bien. Desde ahí continuaba lo nuevo.

Las cosas se pusieron más difíciles y eran a causa de la baja temperatura. Poco a poco, fuimos avanzando entre repisas, diedritos y fisuras hasta llegar al 13 vo largo, como si fuera poco, un 6c con desplome, era como que lo hubiesen puesto ahí para castigarte! Por suerte tengo un partner habilidoso que los sacó en artifo muy bien.
Uf, el fin de las dificultades! Así se mal llama a este sector, ya que las dificultades mayores terminan. Pero, las dificultades no terminan nunca.

Una rampa de hielo, piedra y nieve nos separaban del sueño del pibe. Ya casi eran las 10 de la noche y nos planteamos varias veces si valía la pena llegar a la cumbre o regresar por el horario. Lo único que teníamos era que al día siguiente sería un día de calor, sin viento ni nubes. Esto fue lo único que nos dejó subir, teniendo en cuenta que era muy tarde.

Cerca de las 10.30 horas de la noche del 8 de diciembre, llegamos a la cumbre Fitz Roy.
La emoción fue enorme. Capaz el significado de haber llegado no lo entendí hasta no llegar a Chaltén y mirar a la Franco con otros ojos.
Porque cuando llegamos arriba en lo único que pensaba era en bajar bien y llegar a Bariloche con los que me esperaban.
Le di un abrazo a mi amigo, le agradecí a Dios que hallamos llegado hasta ahí y le pedí que nos proteja en la bajada.
No estuvimos más de 5 minutos en la cumbre. Fotos de rigor, miradas panorámicas hacia los Hielos Continentales y todo el este Argentino.

Ahora, nos quedaba el otro 50 por ciento de la historia. Cansados, con frío, y un tanto deshidratados, el riesgo era grande. Pero con toda cautela empezamos a destrepar por el bloquerío hasta la rampa de nieve y hielo que nos llevó a la cumbre. Un ratito de diez puntas para descender por nuestros pasos hasta dónde habíamos dejado las cuerdas y comenzábamos con los rapeles.
Con la noche cerrada rapelamos el largo 13. Los rapeles estaban todos armaditos, pero eso quiere decir que por la Ley de Murphy se va a trabar la cuerda cuanto más rápido querés bajar. Pero estaba todo bien, subimos a destrabar la cuerda, y rapelando el largo12 la pista de rapeles se abre de la vía de escalada, por lo que nos volvíamos a meter en lugar desconocido de noche.

En una mini repisita dormitamos con todo el abrigo puesto hasta que empezó a aclarar y pudimos ver adónde íbamos.
Bajando nos encontramos una cordadita de argentinos buena onda que habían salido detrás nuestro a escalar. Ellos habían llevado equipo de vivak para la pared y durmieron en el largo 5.

Una vez que llegamos a la Brecha ya estábamos más tranqui, pero hasta que no estuvimos en Paso Superior es como que no me relajé. Ahí nos encontramos con Pipa y el Cordobéz, otros amigos de Villa la Angostura y Bariloche que salían en pocas horas para la Franco. Hidratamos a full, charlamos un poco y nos dormimos.
Al día siguiente le metimos pata hasta la chata y de ahí a Chaltén a tomar unas birras acompañadas con milanesas en Niponino, el boliche de Marianita y Gerardo.

La verdad que fue una gran ascensión, un sueño que se hizo realidad.
El cerro me quedó grande para el nivel de escalada y experiencia en pared que llevé a Chaltén, pero en este deporte no solo se escala, también se piensa, se regula, se mide y otras cosas que me sentaron bien.
Es importante estar fuerte de cuerpo y alma.

Charly Cabeza nos dio el croquis de vía antes de salir dónde también nos decía que debíamos tener buena data, el mejor equipo, focalizar el objetivo y sobre todo… tener corazón de Guerrero.
Estoy seguro que el Fitz lo subimos con el Corazón. Lo más importante fue el trabajo en equipo con mi compañero a quien le debo el logro obtenido. Sin él no llegaba.

Por otro lado, aunque ellos no lo sepan, debo reconocer y agradecer una fuerte influencia en esta progresión que viví del alpinismo y en la actitud para lograr objetivos de gente como: Topo Deza, Alvar Puente, Seba de la Cruz, Andi Lamuniere, Andrés Martínez Infante, Gabriel Goin, Sebas Tagle y muchos más que motivan para hacer cosas en la montaña y siempre te ven arriba por más que sea un proyecto.

- Nota extraída de www.losandeszine.blogspot.com -



 
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