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Malvinas, Historia de una pasión Argentina
28/03/2012
- por Silvia Zimmermann del Castillo -
No puedo pensar en Malvinas sin pensar en mi padre. Lo recuerdo caminando de una punta a la otra del comedor, con los ojos rebasados de espanto. Desde ese 2 de abril, no dejó un solo día de levantarse antes de que saliera el sol para escuchar las noticias del conflicto armado del Atlántico Sur. Su angustia no conoció tregua hasta el 14 de junio, cuando murmuró: "Al fin acabó este infierno". Luego se sumió en un silencio prolongado como el de la mayoría de nosotros, entristecidos, consternados ya no por la derrota, sino por el hecho descomunal de haber estado en guerra.

Malvinas Argentinas
Han pasado 30 años y Malvinas vuelve a evocármelo en el momento en que, al cumplirse un año de aquel desatino, volvió a abordar el tema, dolorosamente, casi con pudor. Fue cuando me dijo que tanta muerte y tanto padecimiento debían servir, algún día, para demostrar la inutilidad de la guerra.
Tenía la convicción de que el archipiélago volvería a nuestras manos por la vía de la paz, lo que ocurriría cuando Sudamérica consumara el ideal bolivariano de conformar una comunidad de naciones. Porque un continente es una fuerza a la que difícilmente la puedan someter las armas. Lo extraordinario de su pensamiento es que él sostenía que era importante que la soberanía argentina fuese finalmente reconocida por el concierto de las naciones, como evidencia contundente de la brutal estupidez de la guerra. Y porque, en definitiva, la única auténtica victoria es el triunfo de la verdad. Recuerdo emocionada la mansa sabiduría de ese hombre casi anónimo, ahora que, a los tumbos, o no tanto, su predicción parece ir cumpliéndose, con las naciones del continente uniéndose en la defensa de principios incontestables.
Bien sabemos que la guerra del Atlántico Sur fue un error inicuo, una frustración y un retroceso, pero hoy nuestra convicción debe ser que las reminiscencias de un colonialismo decimonónico y el método de la prepotencia son un retroceso en pleno siglo XXI y un fracaso en los ideales de la civilización occidental que no deben ser tolerados ni justificados.
Los territorios ya no se ganan en combates; las soberanías son reconocidas en el marco del derecho internacional. Las guerras se ganan y se pierden, pero los territorios se restituyen y las dignidades se respetan. O a eso aspiramos. Por lo demás, no nos cabe reconocer una personería jurídica impropia y contraria a nuestros derechos, cosa que, lejos de enaltecernos, nos desmerecería entregándonos al juego de quienes desoyen el llamado de las Naciones Unidas a que se establezca un diálogo pacífico; resolución internacional que responde al hecho de que a los kelpers no les corresponde la autodeterminación: son británicos. Sólo un exiguo número es nacido en las islas; la mayoría, un flujo de británicos llegados de su país y de la isla Santa Helena. Esto de ninguna manera desconoce los intereses de esa comunidad asentada en islas que, oportuno es recordar, estaban habitadas por familias argentinas que fueron tomadas prisioneras en el momento de la usurpación.

En las Islas Malvinas Argentinas. Foto: Rodrigo Néspolo, La Nación
Nuestra Constitución de 1994 claramente establece que la Argentina respetará los derechos de los habitantes insulares, lo que de ninguna manera contradice nuestra soberanía: no todos los derechos implican el de autodeterminación. Por lo tanto, con los isleños no debemos relacionarnos ni con infantiles seducciones ni con concesiones desmesuradas, como si fuésemos niños que buscan ser perdonados, sino con el mutuo respeto que se deben los adultos. Largamente han conocido ellos la generosidad y hospitalidad de las que somos capaces. Infinitamente más cruenta fue la Segunda Guerra Mundial; infinitamente más infame, Hitler. Pero Alemania no es Hitler, es Alemania, y nadie duda de su dignidad. Es hora de que creamos en la nuestra y nos pongamos a cultivarla.
Y esto no es cuestión de patrioterismo territorial, sino de conciencia de nación. Aristóteles habló del justo áureo término medio de la virtud entre los extremos del exceso y del defecto. El patrioterismo sería así el exceso que pervierte la virtud del patriotismo. La indolencia y el entreguismo, el defecto que lo aniquila. Pero también se corre el riesgo de reducir caprichosamente a patrioterismo todo amor vinculado con el legítimo sentimiento de patria, que ni es propiedad castrense ni es arenga bélica. Es lo que hizo a Alemania ponerse de pie cuando estaba aniquilada. Es lo que aúna y fortalece a los pueblos para luchar contra las viles propensiones de los que ejercen el poder. Es la virtud que lleva a una sociedad madura a cuidar de su población, de su territorio y de sus recursos. En una palabra: cuidar el Estado bajo su responsabilidad. Y el Estado no es el gobierno de turno.
Tengo para mí que nuestro largo sentimiento por las Malvinas, esta historia de una pasión argentina, parafraseando a Eduardo Mallea, tiene relación con un sentimiento de incumplimiento histórico, de incompletud de destino. Algo así como lo que el filósofo peruano Ernesto Mayz Valenilla llamó "no ser siempre todavía": el sostenido no ser todavía el país que somos por inspiración fundacional: rico, noble y digno. Misteriosa pasión argentina que, lejos de intentar rebajarla a mera superstición, habría que extenderla a todas las dimensiones de la patria.
Este 2 de abril debe ser una conmemoración de nosotros mismos, en la que nos debemos pensar por encima de nuestras frustraciones: una cuestión de Estado tiene una continuidad que supera a las sucesivas gerencias. Por su parte, quienes nos gobiernan deben tener en claro que Malvinas no es un galardón personal ni un pasaporte al bronce. Aquí no hay otros héroes que los caídos en esas frías latitudes.

Vista del puerto de las Islas Malvinas. Foto: Revista Criterio
Entre las enseñanzas que dejó aquel fatídico 1982 está la de saber que no volverá a utilizarse a las islas Malvinas para tapar la corrupción ni las políticas nefastas. Pero no debemos faltar a la fe de nuestros padres, a la memoria de nuestros caídos ni a nuestros compromisos irrenunciables, porque en ello se cimienta también la posibilidad de hacer de la Argentina un país mejor. El que nos debemos históricamente. El que todavía no logramos construir. Como dijo Borges: "Nadie es la patria, pero todos debemos/ ser dignos del antiguo juramento/ que prestaron aquellos caballeros/ de ser lo que ignoraban: argentinos? Somos el porvenir de esos varones/ la justificación de aquellos muertos?"
Fuente: www.lanacion.com.ar
Malvinas, una esperanza latinoamericana
02/04/2012
- por Francisco Pérez, Gobernador de Mendoza -
Tres décadas de perspectiva nos hacen ver el hecho histórico del desembarco de las tropas argentinas en Malvinas con unos matices hoy mucho más ricos y esperanzadores que los que tuvimos allá, más cerca en el tiempo de los sucesos bélicos. Hoy Malvinas para los argentinos es sinónimo de reivindicación, de memoria, pero por sobre todas las cosas, de acciones del presente.
El momento histórico que vive América del Sur permite pensar en la causa de la recuperación de Malvinas como algo verdaderamente posible; la factibilidad la da la fortaleza de nuestro bloque de países democráticos orientados en conjunto desde la Unasur y proyectados con personalidad en el concierto internacional.
Hoy la identidad latinoamericana es un concepto que ha salido de los discursos para convertirse en una verdadera herramienta, en un arma de paz trascendente, superadora de aquel intento bélico de hace 30 años. Una gesta patriótica de los chicos que combatieron con lo poco que había a su alcance y en el marco de las decisiones de una dictadura que intentaba perpetuarse en el poder de modo indefinido.

Soldados argentinos en la guerra de Malvinas. Foto: www.losandes.com.ar
Es duro decirlo, pero la sangre de aquellos más de 600 muertos en el Atlántico Sur, sumada a la de los 30 mil desaparecidos, fue la que nos permitió recuperar la democracia.
Mendoza aportó 17 vidas a Malvinas. Hoy, en democracia, podemos honrar a aquel grupo de héroes comprovincianos ejerciendo la política de un modo sincero, sumándonos a la impronta de nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que nos impone, con la nobleza de su carácter, que nos involucremos en la causa Malvinas desde la militancia política, llevándola a cada foro interno o externo, promoviendo la integración de las voluntades nacionales aunadas a un sentir latinoamericano.
Porque Malvinas ya no es únicamente una causa argentina, o de un sector de los argentinos, como lo fue durante mucho tiempo, ante la indiferencia de gran parte de la sociedad y de la dirigencia, sino que la recuperación de las Islas por vía diplomática es un objetivo que involucra a nuestros países hermanos.
El intelectual Osvaldo Bayer, un hombre íntegro y de convicciones pacifistas, ha inaugurado el concepto de “Malvinas latinoamericanas”, ya no solamente argentinas, sino que las Malvinas son latinoamericanas.
La fuerza de estas palabras pone de cabeza la lógica habitual sobre el asunto, en el que los arquetipos reforzados por décadas nos mostraban a un grupo de descendientes del Imperio Británico, los llamados kelpers, de espaldas a un país, la Argentina, que reclama la legítima propiedad del lugar en el que habitan.
La idea de “Malvinas latinoamericanas” le da sentido al esfuerzo de nuestros jóvenes en las Islas, a la muerte de tantos chicos que se metieron en la historia haciéndose un lugar entre el frío, el hambre y el desconcierto.
Esta nueva visión latinoamericana de Malvinas y su contenido reivindicatorio nos hace participar de una realidad diferente: la integración de las Islas y sus tradicionales habitantes a la realidad de un continente en crecimiento, con una dinámica absolutamente vital, con noción plena del ejercicio de los derechos y de las libertades individuales.

Cementerio de los caídos en guerra en las Islas Malvinas. Foto: www.losandes.com.ar
Sigo citando a Bayer también para sumarme a sus propuestas de encontrar los medios de ofrecer becas en las universidades argentinas a los malvinenses y de realizar, por ejemplo, jornadas de intercambio científico entre los profesionales de las Islas y los hombres de ciencia de América Latina.
El Estado debe accionar y gestionar para proteger y reivindicar a los veteranos de aquella guerra de hace 30 años; combatientes tan adolescentes entonces la mayoría que aún son hombres muy jóvenes.
Desde hace tres años a la pensión nacional se agregó un aporte por ley provincial para los 400 veteranos que habitan nuestra provincia.
Ellos y sus grupos familiares suman 1.500 personas que reciben una completa asistencia sanitaria al veterano de guerra por parte del Pami.
Seguramente las reivindicaciones son escasas, todo lo que podamos hacer hoy para valorar el paso por el infierno de la guerra es poco. Pero seguramente les alivia saber que su esfuerzo no ha sido vano y que es un ejemplo constante cuando pensamos en la entrega que un hombre puede hacer por sus compatriotas.
La causa Malvinas está mucho más allá de la decisión de una cúpula antidemocrática y del lamentable accionar de los mandos militares, hoy completamente desnudados por la desclasificación del informe (Benjamín) Rattenbach; desclasificado en sus 17 tomos por orden de nuestra Presidenta, donde se detallan los estropicios y la falta de la más básica destreza militar de los encargados de organizar el conflicto e impartir las órdenes.
El vergonzoso accionar en combate del capitán Alfredo Astiz, hoy condenado por crímenes de lesa humanidad, quien se rindió en las Islas sin oponer resistencia, es una muestra clara de lo que decimos.
Soy optimista sobre el futuro de la causa Malvinas y me inclino a pensar que la progresiva recuperación de la soberanía se dará mediante lo mejor de nuestra sociedad: el conocimiento, las artes y la política.

Imágen satelital de las Islas Malvinas Argentinas. Foto: NASA
El camino de la reivindicación es firme y lo estamos transitando; éste es el momento histórico para reconocer la memoria de los que murieron en combate, para mejorar el presente de nuestros veteranos y también, desde la gestión política y la militancia constante, sentimos que es el tiempo en el que el desafío del diálogo y la negociación hará posible el sueño de Malvinas integradas a la Gran Patria de América Latina.
Fuente: www.losandes.com.ar
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