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Un periodista subió al Aconcagua para filmar la labor de científicos
21/01/2010
Rodrigo Sepúlveda, de radio Nihuil, integró un grupo que el 17 de enero hizo cumbre en el Aconcagua. El trabajo que motivó la hazaña será emitido por el canal Encuentro.

Rodrigo Sepúlveda estuvo cuarenta minutos en la cima
Soportando temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero y con sólo dos meses de preparación, el periodista de Radio Nihuil Rodrigo Sepúlveda (38) consiguió hacer cumbre en el Aconcagua como parte de un selecto grupo de personas que alcanzaron los 6.962 metros de altura.
La excusa de la hazaña lograda por el comunicador fue un documental que se grabó para el canal Encuentro en conjunto con la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) sobre el trabajo de los científicos en el pico más alto de América.
Fueron doce días de travesía soportando las condiciones más extremas para lograr, el domingo 17 de enero, pisar la ansiada cima.
“Cuando llegás a lo más alto no lo podés creer, tratás de asimilar todo. Es maravilloso cómo se ven las estrellas y la sombra del pico que se proyecta sobre el océano Pacífico. Es una imagen tremenda”, contó Sepúlveda.
–¿Como empezó esta historia?
–Arrancó en setiembre. Junto con Cecilia Agüero y Gisela Levin fuimos a Buenos Aires a presentar tres proyectos documentales en un encuentro internacional denominado Doc Meeting y el canal Encuentro se interesó por uno que era Científicos en el Aconcagua, que se trataba de mostrar el proyecto Sigma (ver aparte) y el trabajo que se realiza.
Cuando volvimos le contamos a la gente de la UNCuyo y el programa Sigma y se engancharon enseguida. Fue ahí donde caímos en la cuenta de que íbamos a tener que escalar los 6.962 metros con ellos, ya que era eso lo que quería la señal Encuentro.
–¿Cómo fue la preparación física?
–Teníamos dos meses para ponernos a punto porque la expedición partía el 5 de enero. El jefe del proyecto Sigma, Jorge Barón, nos dijo que teníamos que empezar cuanto antes. Entonces se elaboró un plan que incluía hacer cumbre en los cerros San Bernardo, Colorado y El Plata para aclimatarnos al Aconcagua, además del gimnasio y salir a correr todos los días.
A fines de octubre fuimos a hacer el San Bernardo (4.200 metros), pero a los 3.800 metros yo me planché, no podía ni moverme y me quedé a un costado, esperando que los chicos volvieran de la cima.
La segunda vez fuimos al Plata, pero yo fui con la mochila muy cargada y como no tenía experiencia apuraba el paso, me adelantaba y terminaba muy cansado. Todo esto me sirvió para saber qué era lo que no tenía que hacer. Íbamos a seguir, pero se desató un temporal que llegó a dejar 30 centímetros de nieve y tampoco llegamos a la cumbre. Se nos acabó el tiempo y así fuimos al Aconcagua.
–¿Cuándo salieron?
–El 5 de enero, como estaba previsto. Hicimos noche en Penitentes, desde ahí arrancamos hasta Horcones y después a Confluencia. Y el 8 de enero llegamos a Plaza de Mulas. Ahí nos quedamos cuatro días aproximadamente. Pensábamos que íbamos a hacer cumbre el viernes 15 de enero, pero cuando estábamos en Nido de Cóndores la expedición se enteró de que había una fuerte tormenta y tuvimos que permanecer dos noches ahí.
–¿Como fue vivir allá?
–Complicado, muy duro. Ahí ya no hay agua potable, por lo que tenés que derretir la nieve para tomar y cocinar, y cada carpa pasa a ser autónoma; más allá de que íbamos en grupo cada uno se hacía cargo de lo suyo.
Con 20 grados bajo cero de sensación térmica la cosa es muy distinta allá arriba: te da mucho frío y tenés que hidratarte permanentemente, la cosa era muy pesada. Ahí estuvimos hasta el sábado 16, cuando nos fuimos a Plaza Cólera, a 6.000 metros de altura.
En las primeras horas del domingo emprendimos lo que se llama “el gran salto”, que es llegar a la cima. Arrancamos como a las 5 y estaba todo oscuro, sólo se veían las estrellas y un montón de linternas y llegamos a la última gran prueba, que es la que se conoce como La Cueva. Ahí se decide si se sigue o no. Yo dejé casi todo mi equipo ahí y continué. Llegué a la cima a las 15.30 y me quedé durante cuarenta minutos. Es realmente impresionante, imposible de describir con palabras.
–¿Cómo fue el descenso?
–Es tan difícil como subir, porque tenés que ir frenando con los pies, lo que requiere un gran esfuerzo físico y uno ya en ese punto viene muy cansado. Bajamos hasta Plaza de Mulas y desde ahí a Horcones en helicóptero. Si no, la verdad, creo que no llegaba.
“Te saca lo mejor y lo peor como persona”
Rodrigo Sepúlveda es licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad Nacional de Cuyo, y relató a UNO la experiencia personal que brinda el ascenso al Aconcagua.
–¿Cómo es la convivencia?
–Es complicada. Te hace salir lo mejor y lo peor: o te ponés muy osco e individualista o te sale la parte más solidaria y abierta. No te dan ganas de hacer nada, te querés quedar en la carpa, no tenés ganas de hacer la comida y eso que hay que ir a buscar nieve y derretirla. El equivalente a un litro de agua lleva una hora de trabajo.
Lo que me gustó y resalto: sobre todo impera la solidaridad, porque es una situación terrible y no lo ves ni lo podes entender hasta que estás allá. Muchas veces nos tocó escuchar como hacían asistencia de emergencia.
–¿Como es la vida en la montaña?
–Es durísima. A mí me gusta la montaña pero no me gusta sufrir. Allá tenés mucho frío, vas al baño en una bolsa y eso después lo tenés que bajar y dárselo al guardaparque, aunque hay personas que no respetan. Por ejemplo, los días que estuvimos en mula agarraron a un francés porque estaba orinando en el río, que es el agua que consume toda Plaza de Mulas. Ahí, a muchas personas les dio gastroenteritis porque alguien tiró algo en el agua y tuvieron que limpiar todos los tanques. Somos nosotros los del Tercer Mundo, pero los que vienen desde países más desarrollados no lo aparentan.
Nosotros, que íbamos con los equipos para filmar, teníamos que dormir con las cámaras o las baterías dentro de la bolsa de dormir porque se te gastan rapidísimo.
El otro tema es el de la distancia con el tiempo, es increíble. Allá 100 metros los hacés en no menos de una hora. Además tenés el viento blanco que te golpea la cara: para el que le gusta y es andinista todo bárbaro, pero es tremendo.
El documental
La razón por la que Sepúlveda se embarcó en esta aventura es la realización de un documental denominada Científicos en el Aconcagua, que se trasmitiría por el canal Encuentro entre mayo y junio de este año.
Lo que se va a mostrar es el trabajo de profesionales que llevan adelante el programa Sigma (un sistema de información GPS del Aconcagua), que tiene como fin el estudio del movimiento de la Cordillera de los Andes y sus desplazamientos, ya sean verticales u horizontales.
“Es un ciclo de cuatro capítulos de veintiocho minutos cada uno en los que se mostrará el trabajo de los científicos en el Techo de América, cuyo gran final será el momento en el que la expedición hizo cumbre”, adelantó Sepúlveda.
Fuente: www.diariouno.com.ar
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