Premian al científico que más sabe sobre el cerro Aconcagua
07/06/2009
Es geólogo y logró determinar que ese pico fue un volcán hace 10 millones de años.
Obtuvo el BUNGE & BORN, que reconoce a los investigadores argentinos más destacados.
- por Valeria Román -
Varias décadas atrás, existía la duda sobre la identidad real del cerro Aconcagua. Muchos sostenían que el pico más alto de América era un volcán, pero sólo lo miraban desde abajo. El geólogo argentino Víctor Ramos se animó a subir hasta la cima y, tras analizar sus rocas, pudo determinar que el cerro había sido un volcán hace más de 10 millones de años. "Decían que habían visto humo. Sin embargo, hoy es una montaña tranquila. El cono volcánico fue arrasado", dice a Clarín.
Ramos es el ganador del Premio Fundación Bunge y Born 2009, que reconoce anualmente a los científicos argentinos más exitosos. Lo recibieron Luis Federico Leloir (en 1965 y cinco años más tarde fue elegido Premio Nobel), Alfredo Lanari, Alfredo Pavlovsky, Eduardo De Robertis y Armando J. Parodi, entre otros. Este año, por primera vez se reconocerá la trayectoria de un geólogo de prestigio internacional, que desde chico siempre se iba de vacaciones a la montaña. "Sólo hice que mi placer por la montaña también fuera parte de mi trabajo". Tiene 64 años y enseña en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Es autor y coautor de más de cien publicaciones en revistas y libros internacionales, y más de cien en revistas y libros nacionales. En muchas de ellas, reveló todo lo que sabe sobre su montaña favorita, el Aconcagua. "Es el cerro que más me conmueve. Estuve allí con temperatura bajo cero y en situaciones ásperas". También conoce a fondo a la cordillera de los Andes: sus estudios con colaboradores develaron su proceso de formación.
Para entender al Aconcagua, Ramos tuvo que irse lejos. Escaló varias montañas de la cordillera del Himalaya, los Pirineos, los Apalaches, entre otras, y así pudo comprender el proceso que hizo que el Aconcagua alcance los 6.962 metros. "No me considero un andinista profesional. No subo para llegar a la cumbre. Yo estoy más interesado en el camino, porque cada roca que encuentro me cuenta mucho del pasado".
Ramos se siente orgulloso de ser galardonado con el Premio Fundación Bunge y Born (lo recibirá en agosto, aunque fue anunciado ahora porque el 9 de junio es el Día del geólogo). "Este año reconoce a una disciplina que hace mucho por la sociedad, aunque silenciosamente. Cada vez que alguien arranca el auto, está usando petróleo que fue encontrado por geólogos. Cuando alguien consume agua, seguramente hubo un geólogo en el estudio de las napas donde se acumulaba el líquido".
Fuente: Diario Clarín
09/06/2009
PIERDE ALTURA UN SECTOR DE LA CORDILLERA
- por Susana Gallardo
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La cordillera de los Andes, enorme y majestuosa, no está todo lo quieta que parece. Está en pleno ascenso en San Juan, pero pierde altura en el sur de Mendoza y en el norte de Neuquén. Así lo afirma un equipo de geólogos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires en un trabajo que acaba de publicarse en la revista Tectonophysics.
"Antes se creía que los Andes eran producto de un levantamiento ocurrido hace 12 millones de años, pero ahora se sabe que son más antiguos y que no crecen en forma continua, sino que tienen pulsos de ascenso", dice Andrés Folguera, investigador de la FCEyN, que publicó sus resultados junto con su colega Víctor Ramos, ambos investigadores del Conicet.
Lo curioso de estos resultados es que "la elevación de los Andes no es uniforme, porque algunos segmentos ascienden, mientras que otros se desploman", dice Folguera. ¿Cómo se advirtió eso? "Se ven cicatrices en el terreno, discontinuidades. Por ejemplo, saltos en la planicie de un río que pueden tener entre 2 y 5 metros de altura y muestran desplazamientos de rocas jóvenes", explica.
Esos escalones indican que los Andes están descendiendo en ese sitio. Por ejemplo, en el embalse del río Atuel, cerca de San Rafael, hay una pared natural, labrada en la roca, que forma una de esas cicatrices del desplome de la Cordillera.
Además, en esas discontinuidades puede aflorar lava. Una muestra de ello es la Payunia, en el sur de Mendoza, en el departamento de Malargüe, que posee más de 800 conos volcánicos. "Tenemos un mapa con las edades de formación de esos conos, que no tienen más de 2 millones de años y están asociados con un desplome", indica Folguera.
Por otro lado, la gran cantidad de conos volcánicos y su baja altura es algo característico de zonas que se están fracturando, porque el magma se dispersa en esas fallas y se distribuye generando pequeños centros.
El primer levantamiento de los Andes se habría registrado hace unos 120 millones de años; otro, hace 90 millones; el siguiente, hace 35, y el último, hace 12 millones de años. Tras largas etapas de estabilidad, hubo períodos en que los Andes se derrumbaron, según los expertos.
"Identificamos dos etapas de desplome: la más reciente se inicia hace unos 5 o 6 millones de años -asegura Folguera-. Actualmente, los Andes de Neuquén y el sur de Mendoza se encuentran en desplome activo."
La geometría del relieve
La causa del derrumbe está asociada con el ángulo con el cual el fondo oceánico del Pacífico se introduce por debajo de la placa continental de América del Sur (proceso de subducción). Hay períodos (millones de años) en que el plano de subducción es casi horizontal, lo que coincide con una etapa de levantamiento. En otros, el plano tiende a ser más vertical (entre 30 y 45 grados), lo que genera el desplome de la Cordillera.
Esa subducción del fondo oceánico bajo el continente sudamericano se puede visualizar mediante el estudio de las ondas sísmicas, cuya velocidad depende, entre otras cosas, de la rigidez de los materiales, que tiene que ver con su temperatura.
En el proceso de subducción, los materiales que se generan en la superficie se sumergen a mucha velocidad (unos 6-7 centímetros por año) y están mucho más fríos que el manto que los circunda, lo que incide en la velocidad de las ondas sísmicas. Midiendo esa velocidad se puede visualizar el material que está cayendo hacia el interior de la Tierra y, en consecuencia, el ángulo que forma.
Con información de la trayectoria y velocidad de las ondas sísmicas, proveniente de sismos naturales o inducidos (mediante golpes producidos en la superficie), los investigadores pueden relacionar las cicatrices del terreno con lo que sucede a grandes profundidades. Así pueden inferirse ciertas características de la corteza terrestre que inciden en el ángulo del plano de subducción.
Lo cierto es que en Neuquén y en el sur de Mendoza los Andes están en descenso, y en esa región el ángulo de subducción de la placa oceánica, que hace 12 millones de años era horizontal, ahora posee entre 30 y 45 grados.
En cambio, en el norte de Mendoza y San Juan el plano es casi horizontal, y la región está en pleno ascenso. En otras palabras, el levantamiento andino no es un proceso uniforme, sino que se encuentra segmentado por latitudes.
Por otro lado, cuando una zona de subducción horizontal tiende a ser vertical, se comienzan a desplomar los márgenes orientales, cercanos a La Pampa, y luego los sectores más occidentales. Esto se determina por la edad de las rocas volcánicas asociadas a las fracturas. "Son más viejas en la región oriental, y progresivamente más jóvenes a medida que nos acercamos a la cordillera principal", relata el geólogo.
El desplome en el sur de Mendoza constituye un descenso incipiente, pero si el proceso no se revierte, en millones de años puede producirse un colapso total.
Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas, UBA
Fuente: La Nacion