Calidad de vida en las Montañas
- por Anahí Flores, escritora -
Como los gatos
La sistematización contemporánea del Yôga Antiguo, que lleva el nombre de SwáSthya Yôga, tiene ocho conjuntos de técnicas (de concentración, de limpieza, de respiración, etc) que se agrupan en la práctica ortodoxa, potenciándose unas a otras. Si bien la parte corporal no es la más importante, resulta la más difundida por ser la única fotografiable.
Cuando se está habituado al trabajo corporal de esta filosofía antigua, se encuentran grandes diferencias con la forma de entrenar el cuerpo que tienen las corrientes contemporáneas. Una de las grandes diferencias (hay otras, pero hoy no entraremos en ellas) está en que al realizar los ásanas se permanece en ellos durante cierto tiempo sin repetirlos, mientras que en una clase, por ejemplo, de gimnasia, generalmente se trabajará con la repetición de los ejercicios. En consecuencia, la forma más antigua de entrenar el cuerpo (teniendo en cuenta que nos referimos a una filosofía que tiene más de cinco mil años de historia) es con la musculatura en frío (sin precalentar a través del movimiento), en contraposición con las técnicas modernas en que se utiliza el precalentamiento. No hay una mejor ni una peor, apenas son diferentes métodos.

Serie de Ejercicios. Cerro Virorco, San Luis.
Foto: M. Sanpedro
Para comprender cómo funciona el trabajo en frío, observemos un gato
Probablemente lo veamos, al desperezarse, permanecer un instante en el punto máximo de la posición, extendiéndose todo lo que puede y tensando hasta el último músculo, y luego volver a una posición más relajada. Y listo, con eso está preparado para hacer cualquier movimiento brusco (saltos, ataques, etc.) sin temor a desgarrarse. Nunca encontraremos un gato repitiendo sistemáticamente un movimiento con el objetivo de entrenarse.
De la misma forma que lo hacen los felinos, las técnicas corporales (o ásanas) se realizan sólo una vez, sin repetición, permitiendo que con la permanencia las fibras musculares se extiendan en frío y no se contraigan al terminar la práctica: la elongación habrá pasado a formar parte del propio músculo.

Gato en el refugio Frey con vista a la Laguna Tocek,
Parque Nacional Nahuel Huapi, Bariloche, Provincia de Río Negro
Foto: Anahí Flores
"Estar siempre preparado para movimientos inesperados es algo sumamente útil en la vida en la montaña".
A continuación, veremos algunas técnicas para poner en práctica. Antes,
guardemos en la memoria una regla general de todo ásana: permanencia máxima, repetición mínima.
Articulaciones flexibles para una mejor convivencia con la mochila
Aprenderemos una pequeña práctica de ásanas (técnicas corporales del Yôga Antiguo) y la indicación principal será la regla que vimos más arriba: realizar la posición y permanecer en ella el máximo de tiempo posible, sólo una vez (sin repetir). Al principio, recomendamos realizar cada posición durante unos 30 segundos. Con la práctica, la permanencia podrá extenderse hasta varios minutos. Es importante respirar siempre por la nariz (tanto la inspiración como la exhalación) y estar atento a lo que se está haciendo, no permitiendo que la mente divague por cualquier otro lado.
Entonces, hagamos una pausa en el trekking, dejemos la mochila descansando al lado del camino y orientemos la conciencia hacia la espalda.
Flexión lateral: Separar los pies aproximadamente cinco palmos uno del otro y mantenerlos paralelos, elevar ambos brazos con una profunda inspiración, entrelazar las manos y luego flexionarse hacia la derecha exhalando, extendiendo el lateral izquierdo. Compensar de idéntica manera hacia el otro lado.
Nota aclaratoria: Palmo es la medida entre el extremo del pulgar y el extremo del meñique con la mano extendida. Es una medida aproximada que varía dependiendo de la mano que la mide.

Flexión lateral. Cerro Virorco, San Luis.
Foto: M. Sanpedro
Flexión hacia adelante: Elevar ambos brazos para extender la columna y luego flexionarse hacia el frente sin hacer fuerza. Dejar que la propia fuerza de gravedad haga el trabajo de ir aproximando las manos al suelo. Permitir que la musculatura posterior de las piernas se relaje. Para eso, es importante mantener las rodillas extendidas. Volver de a poco, ya que al estar con la cabeza hacia abajo la sangre se concentró allí y un movimiento rápido podría causar mareo.

Flexión hacia adelante. Cerro Virorco, San Luis.
Foto: M. Sanpedro
Torsión de columna: Inspirar elevando ambos brazos, exhalar llevando la mano derecha hacia el suelo, lo más próxima posible al pie izquierdo (si no se alcanza el pie, de alguna forma se alcanzará la pierna) y extender el otro brazo hacia arriba. Girar también la cabeza, dirigiendo la mirada hacia la mano que está arriba. Sentir cómo la columna gana flexibilidad. Y luego hacer todo lo mismo hacia el otro lado para compensar.

Torsión de columna. Cerro Virorco, San Luis.
Foto: M. Sanpedro
Flexión hacia atrás: Con los pies en la misma posición que en las técnicas corporales anteriores, apoyar ambas manos sobre la parte posterior de las piernas y, exhalando, deslizarlas hacia abajo tanto como sea posible, relajando el cuello y arqueando la columna. Importante: mantener las rodillas extendidas. Permanecer mientras los pulmones estén sin aire. Necesitando inspirar, retornar.

Flexión hacia atrás. Cerro Virorco, San Luis.
Foto: M. Sanpedro